
Fábula
Un alacrán caminaba por la orilla del río, cada vez más alarmado por su crecida, que amenazaba cubrirlo y ahogarlo. Pues el no saber nadar. Mientras cavilaba sobre la mejor forma de salvarse, observó a una rana que iba a nado por el río. Sin vacilar, le pidió que lo cargará sobre su lomo y lo llevara hasta la ribera opuesta, donde estaría totalmente a salvo. En ese caso, le dijo, la rana podría contar con su eterna gratitud por salvarle la vida.
Al
comienzo, la rana se sintió muy halagada de que un personaje tan poderoso le
dirigiera la palabra en términos de tal modo corteses. Pero luego comenzó
a reflexionar y para calmar
sus inquietudes, le preguntó:
-¿y
si durante la travesía me picaras con tus garras ponzoñosas?
-
No
seas tonta, replicó
en el alacrán.
Sé perfectamente que si no
hiciera, pereceríamos
ambos, tú por mi veneno, yo ahogado.
Convencida
por este argumento,
en verdad irrebatible,
aunque no del
todo tranquilizada,
la rana cargó
al alacrán sobre su
lomo, con
un suspiro de
resignación, e inició el cruce hacia la
orilla opuesta.
De
pronto,
en medio de
la travesía,
sintió que dos
poderosas pinzas se clavaban en
su vientre indefenso. Mientras el activo y fulminante veneno hacía velozmente
su efecto letal, y ya en los estertores de la agonía, la pobre rana gritó:
-¡Criminal!
¡Infeliz! ¿Por qué hiciste eso? ¡Ahora moriremos los dos sin remedio!
- Perdóname, contestó el alacrán. No lo pude evitar. Está en mi naturaleza.
Los tres últimos presidentes constitucionales interpretaron a su manera la historia de nuestro país desde 1880. Tres grandes, Alem, Yrigoyen y Perón fueron derrotados por su titánica lucha contra el "régimen falaz y descreído".
Los
mandatarios en cuestión extrajeron de esas dolorosas derrotas una conclusión
que les pareció indiscutible: para llegar al gobierno había que entregar el
control de la economía a los intereses internos y externos predominantes.
El
saldo final que nos dejó el “proceso” militar y su continuación civil fue
un país saqueado, endeudado en forma fraudulenta e ilegítima, desintegrado física
y moralmente.
El
actual presidente comienza su período en este clima enrarecido. Recibió un
claro mandato de cambio. Pero apareció un gabinete superpoblado de economistas,
expresión químicamente pura de la continuación del “modelo”.
Es
preferible que nadie se haga ilusiones. Un fuerte sector de opinión está
tomando distancias y comienza a percibir que el acto electoral no fue el fin de
la lucha, sino su comienzo. Dependerá de nosotros ponerle fin. Un simple paseo
dominguero hasta el comicio no resuelve nada.
De
cualquier manera, es inadmisible que continuemos ahogándonos en un vaso de
agua... sin agua. Esta tierra rica y generosa tiene abundantes recursos humanos
y naturales. Si lo decidiéramos entre todos, podríamos disfrutar nuevamente de
una vida digna.
Las
medidas que se exponen en este libro son perfectamente conocidas, han sido
probadas a lo largo de dos siglos en distintos países y no presentan la menor
dificultad técnica. Lo realmente difícil es abandonar nuestra mentalidad
resignada y convencernos de que la política neoliberal de rapiña y saqueo
impuesta a nuestro país en este último cuarto de siglo no sólo no es la única
posible sino que ahora se ha vuelto insostenible. Es tiempo perdido tratar de
hacer más y mucho peor de lo mismo. Quienes lo intenten perderán.
No
formulamos aspiraciones utópicas y teóricas pero irrealizables. Quienes están
completamente fuera de la realidad son los que aún fantasean que es posible
perpetuar la "continuidad" de este asalto.
El
monto de la “ayuda social” actual es muy superior a lo invertido en las dos
primeras presidencias de Perón, financiado totalmente con ahorro interno. En
ese período no había deuda externa. Sin embargo, el saldo final ha sido
exactamente opuesto al de entonces. Consistió en un empobrecimiento masivo,
desempleo y miseria, acompañados por sus inevitables secuelas: violencia e
inseguridad.
Mantener
en vida con cajas alimentarias y vales de comida al número cada vez mayor de
desvalidos cuesta veinte veces más que convertirlos en productores de sus
propios medios de vida, utilizando los métodos nada novedosos que se verán en
las páginas de este libro. Tal como se utilizan los fondos de "ayuda
social", lo único que se logra es institucionalizar y eternizar la
indigencia, en lugar de terminar con ella.
El
gabinete con el cual se inicia el nuevo gobierno es digno de los tiempos de Roca
y de la Reina Victoria. Está atrasado en más de un siglo con respecto a la época
actual, que exige rápidas y correctas soluciones para los tremendos problemas
de la gente. En sus planes sólo puede haber lugar para 10 millones de personas,
como en los años del Centenario. No para 36 millones. Pero los argentinos
supuestamente sobrantes quieren seguir viviendo, y la insensata idea que se
puede borrarlos del mapa chocará contra la realidad y resultará del todo
contraproducente hasta para los actuales factores de poder.
La
inversión de fondos externos es totalmente ilusoria en medio de esta crisis
mundial. Es en vano abandonar la iniciativa propia y transferir la solución
de nuestros problemas a sectores ajenos a Iberoamérica y el Caribe, que no
tienen el menor interés en resolverlos... o tienen interés en complicarlos.
Hay
que convencerse: lo que no hagamos nosotros no lo hará nadie. Contamos
solamente con nuestras propias fuerzas, inmensas y en lo esencial intactas,
aunque todavía desorientadas, divididas y desalentadas. Estas fuerzas sólo
pueden ser movilizadas por una conducción política y social que esté a la
altura de esta época histórica decisiva, que sepa lo que hay que hacer.
![]()