
Japón
y Alemania fueron vencidos en la Segunda Guerra Mundial, y en los dos últimos años
de la conflagración soportaron intensos bombardeos, que destruyeron una gran
parte de su estructura industrial y transportes.
Pero
en menos de cinco años reconstruyeron su potencial económico y desde la década
de 1950 iniciaron los llamados "milagros" japonés y alemán,
volviendo a ser grandes potencias.
La
Argentina, por su parte, padeció desde la muerte de Perón el equivalente de
una guerra, que desmanteló o desnacionalizó su industria, desfinanció y
desmonetizó su sector productivo y de servicios, eliminó su poder de decisión
autónoma y le fraguó una gigantesca "deuda externa", en realidad
inexistente, que fue obligada a pagar varias veces, a pesar de su carácter ilegítimo
y fraudulento, como ha sido demostrado judicialmente.
Sin
embargo, la Argentina puede reconstruirse como un país próspero en un plazo aún
menor que el de Japón y Alemania. Pero para eso debe reasumir su soberanía política.
Al comienzo, los fondos necesarios pueden extraerse de un autopréstamo
de gran envergadura, debidamente avalado. Este método de recapitalización fue
utilizado, cuando las circunstancias lo exigieron, por una gran cantidad de países
“avanzados”. Se pueden mencionar como monedas "secundarias" el chervonietz
ruso (1922-1926), el rentenmark alemán (1923), el cheque postal francés
y alemán en los años 50, etc.
La
emisión de una moneda secundaria inconvertible, que no se puede evitar en el
caso argentino, es el equivalente de las emisiones habituales de dólares,
marcos alemanes, yenes, francos franceses y suizos, etc., que realizan
habitualmente todos los países autónomos para adecuar sus respectivas masas
monetarias al volumen previsto de sus transacciones de la economía real. En
otras palabras, el autopréstamo que se propone en este libro para
recuperar la economía argentina es el mismo autopréstamo que se hace
cualquier otro país cuando emite moneda, dentro de ciertos límites.
En
este momento, la desmonetización de la economía argentina es superior a la de
cualquier otro país del planeta. El circulante en poder del público,
depositado a la vista o colocado a interés (en caja de ahorro o plazo fijo),
comparado con el Producto Bruto Interno, es menos de la tercera parte del que
circula, guardada las proporciones, en los países centrales e incluso en otros
del Tercer Mundo. Pero desmonetizado en semejante escala, el régimen
capitalista no puede funcionar normalmente en ninguna parte. En esas
condiciones, el dinero se convierte en el bien más escaso y caro de la economía,
y el sector financiero se transforma en su amo.
Para llenar el bache de la falta de circulante, que en la Argentina supera los 100.000 millones, suma que corresponde a capitales fugados del país, la solución no consiste en emitir una moneda convertible como el peso pues quienes los tienen en su poder huirían de inmediato hacia el dólar y otras divisas duras.
Se debe emitir como mínimo esa cifra en una moneda secundaria (es decir, paralela a la moneda principal) y no convertible que aquí se llamará provisionalmente "gaúcho", nombre que los presidentes Alfonsín y Sarney dieron a la proyectada divisa común en el acuerdo inicial del MERCOSUR. El nombre definitivo de la nueva moneda será determinado por una ley, es obvio. Para establecer el monto de la emisión, se utilizará la siguiente igualdad:
Cantidad
de pesos + gaúchos = 3 veces (como mínimo) el actual circulante.
Esta
emisión es un autopréstamo de gran envergadura que la Argentina se puede hacer
a sí misma sin que eso le cueste un solo centavo de intereses. Desde luego,
esta medida afecta en grado sumo a los representantes de la usura bancaria y
extrabancaria que la combatirán con saña, pues la presencia de una cantidad
normal de circulante hace desaparecer un floreciente negocio, que les rinde
desmesurados beneficios, al mismo tiempo que asfixia al país real.
Obsérvese
que el mismo autopréstamo se hacen a sí mismo los países independientes
cuando emiten su propia moneda en condiciones controladas.
1.
El gaúcho es un billete de banco, que a diferencia de los
llamados "bonos" nacionales, provinciales o municipales, que pueden
ser rechazados por cualquier particular, es de curso legal y aceptación
obligatoria en todo el país, en todas las transacciones en que se compren y
vendan bienes y servicios, menos las que se prohíben en el párrafo siguiente.
2.
Por su carácter inconvertible no se podrán comprar con gaúchos los pesos
argentinos, divisas extranjeras, metales preciosos y otros refugios de valor,
como joyas, diamantes, marfiles chinos, obras de arte, bienes raíces, etc., títulos-valores
nacionales, extranjeros aceptaciones bancarias, cheques de terceros, valores
negociables, facturas de crédito, letras y cualquier instrumento comercial o
financiero que pueda ser descontado. Se prohibirá la colocación a interés y
el descuento de estos billetes en todo el sistema financiero, así como su
empleo para establecer cauciones a término y constituir avales bancarios y
comerciales. Por ende, no se podrá utilizarlos para financiar importaciones y
exportaciones. Su campo específico de operaciones es el mercado interno de
consumo, y es allí donde circularán, "quemando las manos" de quienes
los tengan, pues no podrán ganar intereses sobre ellos.
3.
Su emisión estará a cargo de un Ente Emisor autónomo a la manera del
"Rentenmark", también llamado "Diskontobank", un organismo
paralelo al banco oficial alemán, el Reichsbank, que utilizó sin vacilar
Hjalmar Schacht (presidente del propio Reichsbank) para emitir el
"Rentenmark" (“marco de renta", así denominado por su aval
hipotecario), una segunda moneda legal que comenzó a circular a fines de 1923 a
la par de la primera, el Reichsmark. Con el "Rentenmark" se aplastó
en pocos días una hiperinflación sin precedentes en toda la historia monetaria
mundial. El "Rentenmark" estaba respaldado por una hipoteca en primer
grado sobre toda la propiedad territorial de Alemania, tanto rural como urbana,
tanto estatal como privada. Fue una medida ultrarrevolucionaria... adoptada por
un dirigente bancario ultraconservador. Una moneda secundaria similar, llamada
"cheque postal", fue utilizada durante varios años en la década del
50, por Ludwig Erhard en Alemania y en Francia por Jaques Rueff, ministro de
finanzas de De Gaulle. Su emisión provocó el retiro de la circulación de
aproximadamente el 90% de la moneda oficial. Esa astringencia monetaria tuvo un
efecto fuertemente deflacionario.
4.
En la Argentina, al retirar de la circulación como medio de pago del Estado una
gran cantidad de pesos, reemplazándolos por “gaúchos”, se provocará
igualmente una marcada astringencia monetaria, que reduciría la capacidad del público
de comprar divisas extranjeras. En otros términos, este método de emisión
presiona el tipo de cambio del peso a la baja, no al alza.
5.
El gaúcho queda definido como un billete de banco y una cédula hipotecaria con
curso legal. En el derecho comercial de Estados Unidos, sería una
“collateralized-mortgage-obligation (CMO)”, dotada de "legal
tender", es decir, una obligación garantizada por una hipoteca, de curso
legal. No es bajo ningún concepto dinero efectivo. Su respaldo previsto, al
igual que en Alemania en diciembre de 1923, es un aval inmobiliario, constituido
por un impuesto sobre la renta neta potencial de la tierra, a aplicar cuando la
reactivación económica del país permita que el campo salga de su postración
actual.
6.
Recibirán sus remuneraciones con gaúchos los funcionarios y empleados
nacionales, provinciales y municipales, así como los jubilados y pensionados,
quienes cobrarán en esta moneda un 80%, y en efectivo, como dinero de bolsillo,
el 20% (porcentajes revisables periódicamente). Con estos fondos, se puede
elevar el salario mínimo del sector privado y la jubilación mínima a $500, lo
cual acrecienta la demanda de bienes-salario, generando a corto plazo una
situación de pleno y semiempleo. Es necesario al mismo tiempo aumentar en un
67% los actuales salarios nominales de toda la administración pública
nacional, provincial y municipal. Frondizi lo hizo audazmente en 1958 (el
aumento fue del 60%) con un fuerte efecto reactivador y sin el menor impacto
inflacionario. Teniendo en cuenta el deterioro de los salarios reales que se
produjo desde el 10 de abril de 1991 hasta ahora, este aumento permitirá
recuperar lo perdido en estos últimos ocho años. Para empezar, no es poco.
7.
Se pagará con gaúchos el 100% de los subsidios acordados arbitrariamente por
la administración anterior a las empresas concesionarias de servicios públicos
(ferrocarriles, etc.). Esto continuará hasta tanto una ley no limite primero y
elimine después una situación tan anómala. Del mismo modo, se cancelarán con
gaúchos todas las deudas vencidas del Estado nacional, de las provincias y de
los municipios con contratistas, proveedores y empresas que aún pertenecen al
dominio público, en 10 cuotas mensuales iguales sin intereses, así como los
abultados juicios perdidos por el Estado, tanto contra empresas privadas como
contra jubilados y particulares. De tal manera, el Estado se pondrá al día con
sus deudas y se eliminará una de las fuentes de corrupción del sector público.
8.
Los gaúchos en circulación podrán ser utilizados para el pago de impuestos,
tasas y aranceles nacionales, provinciales y municipales. Al recibirlos, el
Estado los irá destruyendo físicamente y los reemplazará por la emisión
simultánea y por igual monto de pesos, que utilizará para cancelar sus propios
gastos.
Al
poner fin a la actual desmonetización, inyectando el circulante que falta y que
del cual la economía real no puede prescindir, se ampliará considerablemente
el mercado de consumo y se elevará la demanda interna global de los
bienes-salario. Al mismo tiempo, habrá un fuerte aumento a cortísimo plazo de
la oferta global, por la reapertura de millares de empresas y negocios cerrados,
y se reactivarán plantas productivas con alta capacidad ociosa.
Esta
inyección de fondos frescos es un shock de liquidez, que no le costará al país
un centavo de intereses. Será un ahorro gigantesco con respecto a los intereses
sobre intereses que el estado y el país se ven obligados actualmente a pagar al
exterior. Es el primer paso para lograr el pleno empleo, la prosperidad y el
bienestar que los argentinos exigimos y merecemos.
Según
los estadígrafos, 1974 fue el mejor año de la economía argentina. Entonces el
mercado interno era cinco veces mayor que el actual. Quintuplicar ese nivel es
totalmente factible, a condición de abandonar las políticas neoliberales de
“ajuste”, que son presentadas como la única panacea posible. De ahora en más,
la suerte política de cualquier gobierno argentino está atada al logro a muy
corto plazo de ese objetivo.
Stanley
Fisher, vicepresidente ejecutivo del FMI, propuso a los países que tienen
monedas "ancladas" a otras monedas, el reemplazo de una única divisa
equivalente (el dólar) por una "canasta" de divisas duras. James
Buchanan, Premio Nobel 1986, afirmó en un congreso de economistas reunidos
recientemente en Córdoba que el peso argentino "podría atarse a una
canasta de monedas o al precio internacional de materias primas exportadas por
el país" (CLARIN, 12-9-99, pág.20). En 1985, el autor de este libro
propuso una canasta exactamente del mismo tipo en una serie de siete artículos
("Dos Modelos"), publicada en esa época por la revista LINEA de
Buenos Aires, dirigida por el Dr. Rubén Contesti.
Aplicaremos
estas ideas a la actual realidad argentina. Junto con la creación dcl "gaúcho"
como moneda paralela, para terminar con la desmonetización y la desfinanciación
de la economía, el peso argentino debe ser asociado con la siguiente canasta de
monedas duras y "commodities" (bienes transables internacionalmente):
1
peso = a% Euros + b% francos suizos + c% dólares + d% libras esterlinas + e%
yen + f% de
un "mix" de cereales, oleaginosas, carnes, petróleo, gas
natural y otros "commodities".
1
peso = 1,20 dólares US
Esto
implica una moderada revaluación en un 20% del peso argentino, destinada a
licuar toda la deuda legítima de nuestro país en la misma proporción. Esta
quita es tan legal como los aumentos de las tasas flotantes de interés
decididos por los organismos internacionales de crédito y los financistas
privados por sí y ante sí, sin que los países "deudores" puedan
oponer el menor reparo.
Se
logrará así un evidente alivio para las cargas financieras de las empresas y
del Estado. A la vez, se hará con hechos una advertencia a “los mercados”,
es decir, a los especuladores, para disuadirlos de intentar “corridas” que
les costaría muy caro ante un gobierno que cuida ante todo los intereses
nacionales. Es el único lenguaje que entienden y es el que se debe emplear.
Una
revaluación permite comprar barato y vender caro. Una devaluación cuyas
consecuencias serían catastróficas en argentina, genera el efecto inverso.
Todos los grandes países exportadores tienen monedas fuertes, en tanto que las
monedas de los países "atrasados" son débiles, lo cual acentúa
justamente su atraso. Obsérvese que el “real” del Brasil fue lanzado con
una revaluación del 25% con respecto al dólar, lo cual le aseguró la
presidencia al actual mandatario brasileño. Después se decidió una devaluación.
En ambos casos, el gobierno del país hermano sólo tuvo en cuenta sus propias
conveniencias.
Por
otra parte, el comercio internacional se seguirá realizando por un período de
duración imprevisible en dólares. Los únicos que podrían aprovechar una
devaluación argentina serían las grandes empresas extranjeras que monopolizan
la exportación, que comprarían a precio vil la producción nacional y los
pocos bienes que aún quedan en poder de los argentinos.
OTRAS MEDIDAS DE FONDO
1.
Fin de la política de “apertura”, que es en realidad una política de
cierre de la industria y del comercio. La Argentina es el único país que la
practica en uno escala tan irrestricta y suicida.
2.
Renacionalización y federalización del BCRA a la manera del Sistema de la
Reserva Federal de los Estados Unidos, instalando tres bancos emisores en las
ciudades de Tucumán, Buenos Aires y Neuquen, y un Banco Federal Central en Córdoba.
Se recupera así la facultad soberana de controlar y regular la emisión de
moneda y las tasas de interés, terminando con la humillante "Caja de
Conversión" al que ha quedado reducido el Banco Central.
3.
Control de cambios, como lo instauró Mahattir Mohamad en Malasia, rompiendo
abiertamente con el FMI después de un alineamiento de casi dos décadas con ese
organismo. No sólo no pasó nada, no hubo desembarco de "marines",
etc., sino que en Kuala Lumpur se acaba de inaugurar un gran centro cibernético,
"Ciberjaya", apoyado por las mayores empresas internacionales del
ramo, comenzando por las estadounidenses.
4.
Control del comercio exterior, como lo hacen actualmente todos los países del
mundo.
5.
Cogestión entre empresarios y trabajadores, a la manera alemana.
6.
En materia impositiva, aumento de los impuestos directos y reducción de los
indirectos, como el IVA, al igual que en todos los países “avanzados”.
7. Hay que hacer responsables a los bancos por los depósitos que les fueron confiados; no es una carga que tenga que asumir para sí el Estado. Se dijo que cada banco extranjero tendría su prestamista en última instancia particular en su casa matriz, y con ese argumento Cavallo, Roque Fernández y Pedro Pou alentaron desembozadamente la extranjerización de la banca. Es de aplicación el principio del "conjunto empresario" por el cual las casas matrices responden por las deudas de sus filiales (jurisprudencia argentina, desde el caso Swift-Deltee de 1971 hasta el reciente fallo de los tribunales de Río Negro, con la Banca Nazionale del Lavoro). Si hubiera que emitir bonos, lo deberían hacer los bancos y no el gobierno.
8. Reinstauración del régimen de jubilaciones de reparto; la opción voluntaria de capitalización se dejaría sólo para quienes quieran mejorar su jubilación por encima de la de reparto. Esto permitiría terminar con un sistema irracional, que desfinanció al sector público sin aumentar el ahorro nacional ni mejorar las perspectivas de una mejor jubilación para los aportantes. Sólo sirvió para que las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP) cobre suntuosas comisiones.
9. Política Internacional independiente, que se manifestará en los tres niveles: Global, regional y nacional. En el gobal consiste en la defensa de nuestos intereses frente a temas políticos (democratización de la ONU con la reforma del Consejo de Seguridad), así como del comercio y las finanzas internacionales (OMC Nueva Arquitectura Financiera Internacional, reforma del FMI). En el regional, se trata de reformar el Mercosur, Promover la creación del Fondo Monetario Latinoamericano y propender a la Unión Sudamericana como forma de ganar mayores espacios de autonomía para el país y la región; hacer causa común con Brasil en su resistencia al ALCA, que sería un factor de desindustrialización. En lo nacional, es necesario privilegiar la soberanía popular por sobre los intereses de minorías vinculadas al Establishment financiero nacional e internacional.
10. Reconstrucción y desarrollo de un sistema nacional de innovación y de promoción de la producción, procurando reconstituir la capacidad nacional de generación de tecnologías y las vinculaciones productivas internas, que fueron desarticuladas durante la apertura comercial irrestricta con atraso cambiario.
11. El nuevo gobierno argentino debe abrirle proceso penal a los ex presidentes Carlos Menem y Fernando de la Rúa, así como a Domingo Cavallo, por haberle mentido sistemáticamente al pueblo argentino para ocultar la bancarrota de factor del país por los últimos diez años, y porque con sus mentiras a su propio pueblo, en forma criminal, aumentaron todavía más el endeudamiento externo de Argentina y vendieron sistemática y corruptamente los bienes nacionales mas productivos y vitales de Argentina. Dicho proceso penal debe incluir a los corruptos cómplices extranjeros que ayudaron a subir la deuda y rematar los bienes nacionales, sin importar dónde se encuentren, sea en la banca privada, en el gobierno o en entidades crediticias internacionales.
CAPITALISMO, "ECONOMIA SOLIDARIA",
"SOCIEDAD DEL NO TRABAJO"
En
la Argentina, así como en otros países de Iberoamérica y el Caribe, con la única
excepción de Cuba, que es un caso aparte, y de Venezuela, donde está en marcha
una revolución, no existe una economía de mercado sino de asalto y de saqueo,
donde una minúscula minoría opulenta prospera, a su manera, a costa de una
inmensa mayoría de desheredados, desamparados y condenados injustamente a la
miseria, al hambre y a la muerte prematura. La deuda externa, ilegítima y
eterna, es el símbolo visible de esta situación, en que el propio capitalismo
mata a la gallina de los huevos de oro, pues restringe hasta llegar a anularla,
la base de su propia viabilidad: el mercado.
La
realidad social contemporánea ofrece tres sectores muy diferenciados, cuyos
problemas deben ser encarados y resueltos simultáneamente:
Una
economía de mercado, cuya expresión ostensible es la llamada “sociedad de
consumo”, donde ha nacido y crecido una parte importante de la humanidad
actual. Pero sólo una parte cada vez más reducida disfruta de sus beneficios.
El resto ha quedado marginado, con consecuencias trágicas.
Los
excluidos por el desempleo, que en su mayoría prestan una adhesión muy fuerte
a la sociedad consumista.
Los
jóvenes, igualmente excluidos, pero mentalizados en forma diferente, pues han
captado los métodos cibernéticos y los servomecanismos, aunque no saben todavía
para qué sirven.
Frente
a este cuadro, se deberá aplicar una combinación de acciones, orientadas a la
vez hacia tres tipos de soluciones sociales distintas:
1)
Medidas para reactivar el universo de los incluidos: un régimen capitalista que
funcione redistribuyendo los ingresos en forma mucho más progresiva que la
actual. Eso exige redistribuir al mismo tiempo el poder, evitando su concentración,
origen de la concentración de la riqueza, y dándole un carácter participativo
del cual carece por completo en la actualidad.
2)
Medidas para atender las necesidades del universo de los excluidos: eso requiere
poner en marcha un polo comunitario de economía solidaria capaz de agrupar en
forma productiva a quienes fueron dejados de lado en el sector público y el
privado. El Estado debe apoyarlo en sus comienzos, proporcionándole los
modestos medios que necesita para ponerse en marcha con rapidez hasta adquirir
autosuficiencia.
Estudios
realizados en la OIT hace más de 20 años demostraron que para un conjunto
productivo no inferior a 500 adultos, niños y ancianos, basta una dotación
inicial de 2.000 dólares por persona con ese fin. Después, no sólo se
autogestiona y se autofinancia perfectamente sino que representa un verdadero
balón de oxígeno para la "economía de mercado". En efecto, ese
nuevo polo amplía notablemente el mercado interno y la recaudación fiscal. Se
trata de una solución de transición, pero impostergable e indispensable, pues
genera medios de vida para quienes han quedado marginados de por vida de la
“economía de mercado”. De esta forma se eliminan los programas de “ayuda
social”, enormemente más onerosos, y se solucionan los problemas actuales, en
lugar de eternizarlos.
3)-Medidas
que pongan en marcha una sociedad cibernetizada. Es la sociedad del futuro,
liberada de sus actuales rasgos, que la han convertido en un ídolo obsesivo
para muchos. En realidad, la cibernética sus aplicaciones informáticas
representan tan sólo medios instrumentales para un fin que le es ajeno: la vida
misma, en sus múltiples aspectos espirituales y materiales.
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