El
Escritor argentino Manuel Baldomero Ugarte nació el 27 de febrero de 1857 y
murió en Niza (Francia) el 8 de diciembre de 1951.
Pertenecía
a una familia económicamente acomodada de San José de Flores, en la época de
su nacimiento un barrio de la ciudad de Buenos Aires. La fortuna paterna sostuvo
durante 40 años su actividad de escritor y publicista; primero su quehacer
eminentemente literario, luego su despliegue básicamente político.
A
los 7 años de edad sus padres lo llevaron a Europa, para visitar la Exposición
Universal de 1889. Vivió un tiempo en Francia y allí aprendió la lengua que más
tarde utilizaría en reiteradas visitas a la llamada “Ciudad Luz”.
En
la Argentina, y con la ayuda de su padre, dirige “La Revista Literaria” en
la que colaboran, entre otros, José Santos Chocan, Ricardo Palma, José Enrique
Rodó, Rufino Blanco Fombona.
El
lema de la publicación signa desde sus primeros pasos lo que sería la consigna
máxima del hombre maduro: “Por la unidad intelectual y moral
hispanoamericana”.
Regresó
nuevamente a París en 1897 con la idea de conquistar un lugar en la joven
literatura. Allí publica sus primeros 3 libros: Paisajes parisienses, Crónica
de Boulevar y las novela de las Horas y de lo Días, que fuero prologadas por
escritores de la talla de Miguel de Unamuno, Rubén Darío y Pío Baroja, lo que
da una idea literaria del talento de la joven promesa.
En
1894 realiza un viaje a EE.UU. que le permitirá tomar contacto con la ambigua
cultura norteamericana de esa época. Por un lado; fuerzas que empujaban hacia
el progreso y hacia la libertad, pero, por el otro, un visible menosprecio hacia
los países latinos del continente, unidas a invasiones, anexiones y
desconocimiento. En Ugarte va a crecer la que será una de las ideas cardinales
de su ideario político: la crítica a una sociedad de perfil imperialista que
en su afán de afirmar los valores y las instituciones anglo-americanas, termina
negando a los países latinoamericanos ligados al núcleo cultural ibérico.
Manuel
Ugarte va a ingresar al S. XX unido por lazos de amistad a una notable generación
de literatos y ensayistas: Leopoldo Lugones, José Ingenieros, Alfonsina Storni,
Delmiro Agustín, Belisario Roldán, Amado Nervo, Florencia Sánchez y José María
Vargas Vila, entre otros.
Esta
presencia generacional –encargada en particular en Lugones e Ingenieros- junto
al clima espiritual de la Europa de comienzos de siglo lo llevarán a ingresar
–a partir de su retorno al país acaecido en 1903- en el Partido Socialista
Argentino. Su prestigio intelectual crece dentro y fuera del país a instancias
del presidente Roca participa en la redacción de un Código del Trabajo, que
resulta uno de los avanzados de su tiempo.
Una conferencia pronunciada en Buenos Aires, en septiembre de 1903 y que lleva el sugestivo título de “Las ideas del siglo” expresa con precisión este clima generacional, tanto como define lo que constituirá otro de los ejes temáticos fundamentales de su trayectoria de ensayista y de ciudadano. Dice allí: “nadie negará que hay un conjunto de ideas y aspiraciones, de hábitos y de certidumbres, que difundidas en los libros en la vida privada, en las conversaciones y en las conciencias acaban por formar lo que podríamos llamar la atmósfera del siglo. Y nadie negará que hoy lo que respiramos es el deseo de solidaridad y de justicia”.
Vuelve
a Europa en lo que será un periodo de intensa actividad política y, también
literaria. Representa al Socialismo Argentino en Los Congresos de La Segunda
Internacional de Ámsterdam en 1904 y de Stuttgart de 1907. Colabora en diversos
periódicos y revistas de La Argentina, Francia y España y publica cerca de una
docena de libros, entre los que se destacan: la joven literatura
hispanoamericana, -que merece una traducción al francés- vendimias juveniles y
burbujas de vida.
A
fines de 1910 edita El Porvenir de América Latina, posiblemente a obra más
importante de su producción temprana.
El
libro tiene gran repercusión en Europa y en América, donde la ocupación
norteamericana de Santo Domingo y de Nicaragua resultaba un buen caldo de
cultivo para las tesis de Ugarte que insistían en su perspectiva nuclear:
“Nuestra Patria es la América Española”.
Impulsado
por sus ideales y por la repercusión de su obra Ugarte, inicia en los últimos
meses de 1911 una visita a los países iberoamericanos que le llevará
aproximadamente dos años y a la que él mismo bautizó como “mi campaña
hispanoamericana” y cuyos materiales servirían de base más adelante para uno
de sus libros capitales.
“La
tesis que yo sostenía durante el viaje –dice Ugarte- era la de una
“entente” de los pueblos hispanos de América, para asegurar su autonomía y
oponer un bloque y una común acción de resistencia cada vez que una nación
fuerte del mundo quisiera abusar de su poder, batiendo en detalles a regiones
que deben ser consideradas como solitarias.
A
partir de este viaje el perfil militante de Ugarte por la causa de Iberoamérica
se hará predominante. Por ello resulta difícil separar su vida de su obra
–como puede ocurrir en otros autores-.
En
Ugarte esta unidad –en particular en lo ensayístico- es muy notable.
En
su campaña latinoamericana visitó Cuba; Santo Domingo, México, Guatemala
–donde Estrada Cabrera no le permitió hablar-, Honduras, El Salvador. En
Nicaragua no lo dejarían desembarcar y siguió a Costa Rica. Aquí interrumpiría
su gira para viajar a los EE.UU. En la universidad de Columbia tratará de
llamar la atención de los intelectuales norteamericanos sobre el carácter dual
sobre el que están construyendo su civilización y sobre el grave problema
cultural que implica considerar a los latinoamericanos como “una raza
inferior”.
De
EE.UU. va a Panamá, luego a Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, y
Chile. Tuvo que superar no pocas intrigas y dificultades en su peregrinación,
pero estaba seguro –lo indican los textos de la época- que no había sembrado
en el desierto, o que “no había arado en el mar” como su admirado Simón
Bolívar de las ultimas etapa de esa gira es la carta abierta que le enviará al
presidente norteamericano electo Tomas Woodrow Wilson, instalando a modificar
sustancialmente las estrategias y políticas de los EE.UU. con sus vecinos del
sur del continente.
En
mayo de 1913 regresa a la Argentina y termina visitando luego Uruguay, Paraguay
y Brasil.
En
esos meses La Vanguardia, órgano del Partido Socialista publica un articulo
despectivo para Colombia a raíz de la cesión de Panamá alentada por los
EE.UU. Sus criticas arrecian y es
expulsado del partido el 10 de noviembre de 1913.
Con
posteridad funda la Asociación Latinoamericana para llevar adelante su ideal
de, Patria Grande pero sus esfuerzos se ven obstruidos por el estallido de la
guerra europea. Mientras América Latina se polariza en función del conflicto
Ugarte brega por la independencia y por la neutralidad.
Hacia
1918 Ugarte advierte que ha consumido la fortuna familiar y, en esos años no le
resulta fácil encontrar trabajo, ni mucho menos lugares en los cuales hacerse oír.
Invitado
por el Centro de Cultura Hispánica viaja a Madrid, pero advierte que sus ideas
democráticas chocan con las que empiezan a ganar el corazón de los
intelectuales españoles.
En
1921 se instala en Francia. Vivía de sus colaboraciones en periódicos y
revistas y de la edición de sus libros. En esa etapa publica el conjunto mas
significativo su obra de ensayista y literato aparece así sucesivamente en lo
ensayístico: Mi Campaña Latinoamericana y la Patria Grande (1922) y el destino
de un continente (1923) y en lo poético literario, sus Poesías Completas
(1921), el Crimen de las mascaras (1924), El camino de los Dioses (1926) y L
vida inverosímil (1927).
A
esta altura se hace visible que toda su obra de madurez esta teñida o
directamente expresa su ideario americanista y social y su desgastante lucha en
medios cada vez más hostiles a su concepción. Como lo había vaticinado Ruben
Darío a comienzos del siglo. Ugarte no solo era un soñador sino un
“convencido apostólico” y esa fuerza de su espíritu irradiaría –con sus
ciclos mas optimista o mas pesimistas- toda su importante y vasta obra.
En
esos años de permanencia en Europa colabora con La Libertad de Madrid, Mondé
–dirigido por Henri Barbuse- de Francia y con la revista Amauta, fundada en
Lima por José C. Mariátegui.
En
1933 un grupo de intelectuales notorio pide para Ugarte en Premio Nacional de
Literatura, que le fue negado apoyándose en defectos de tipo formal.
Con
cierto saber a compensación recibe en esos años La Legión de Honor concedida
por Francia.
En
1935 regresa a la Argentina encontrando poco eco entre sus compatriotas.
En
1936 es expulsado por segunda vez del Partido Socialista y se marcha a Chile, de
donde retorna en 1946 impresionado favorablemente por la política de afirmación
nacional y social, con fuerte inserción en la posibilidad de una integración
Latinoamericana, en particular con los países limítrofes que el peronismo
expresaba.
Después
de una entrevista con el creador del justicialismo, éste lo nombra
representante diplomático de nuestro país en México y, posteriormente
Nicaragua y el Cuba. Diferencias con el Ministro de Relaciones Exteriores le
hacen presentar su renuncia en 1950.
En
agosto del mismo año se trasladó a Madrid donde publicó sus últimos libros:
el naufragio de los argonautas y la dramática intimidad de una generación, que
tienen la estructura de libros de memorias con semblanzas de las personas
notables que conoció y recuerdos de situaciones vividas.
En
1951, con 76 años de edad, se instaló en Niza, donde murió poco después.
Sus
restos morales fueron trasladados con posterioridad a la Argentina en 1954.
Ni
Manuel Baldomero Ugarte ni su obra han pasado al olvido.
Aunque
su presencia ya no tenga la gravitación de las primeras décadas de este siglo.
En muchos períodos, su apasionada y controvertida concepción política y
social no ayudó a difundirla en su propio país ni en el resto del continente.
Todos lo libros de Ugarte –literarios o doctrinarios- fueron editados en
Europa y rara vez reeditados en el país o en América Latina. Sólo su obra póstuma
La Reconstrucción de Hispanoamérica fue publicada por la editorial Coyoacán
de Buenos Aires en 1961, diez años después de la desaparición del escritor.
Ugarte
no es, pues, un desconocido. Aunque sí, dados lo valores culturales,
doctrinarios y literarios de su producción, puede estimarse que se trata de un
autor que no ha recibido plenemente el reconocimiento que merece.
Sin
embargo, el ideario de este notorio argentino, tuvo una gran influencia de las
ideas de toda América Latina en diferentes épocas y gobiernos, ya que
constituye en este siglo uno de los puentes ideológicos más poderosos con los
ideales Sanmartinianos y bolivarianos que lideraron el período de la emancipación
nacional. Es que, en su etapa de formación como los ecos de la heroica gesta
libertadora y unificadora que encabezaron San Martín y Bolívar, medio siglo
atrás. Leyendo sus ideas sobre un socialismo moderno, ajeno a toda perspectiva
colectivista, sobre una justicia social que democratizará no sólo el poder político
sino el poder económico y sobre un nacionalismo abierto a la unidad con los
otros pueblos de Iberoamérica, no puede dudarse que éstos constituyen un
antecedente importante en la conformación doctrinaria del Justicialismo y no
puede extrañar que el propio Perón lo viera como un gran embajador de la
Argentina ante los países de la América Latina.
Su
vasta obra presenta dos facetas más o menos marcadas.
Una
literaria, abierta a las corrientes culturales del principio de siglo,
progresivamente ganadas por su desarrollo ideológico, y una política-doctrinaria,
más propia y original, en la cual su pensamiento constituye un referente
obligado de la formulación de un pensamiento, nacional e Iberoamericano a la
vez, tan social como democrático. En este aspecto, Ugarte constituye una figura
muy notoria, tanto por la calidad de sus conceptos y por la riqueza existencial
de sus apreciaciones, como por el difícil equilibrio por las que expone su
apasionada pertenencia cultural y su destino. Cuando criticaba a los Estados
Unidos decía: yo no hablo como adversario de un pueblo, hablo como adversario
de una política, o cuando se refería al conflictivo descubrimiento de América
puntualizaba: a pesar de todos los crímenes, el descubrimiento fue la más
notable victoria del espíritu humano y la remoción más formidables de lo
existente. Ugarte siempre fue un expositor comprensivo y profundo, nunca un
panfletario.
Como
el mismo autor de “La Patria Grande” lo reconociera, en una conferencia
pronunciada en Buenos Aires, “he llegado hasta sacrificar mis conveniencias de
escritor para favorecer los intereses colectivos”. La frase no tiene nada de
retórica, puede decirse que su creciente dedicación a los ideales
Iberoamericanos y socialistas no sólo complicaron la difusión de sus obras
sino que, también, limitaron su desarrollo literario, como literato y poeta,
Ugarte es un escritor de talento, pero quizás deba reconocerse que no ofrece el
vigor o la originalidad que muestra como ensayista. Y auque se reconoce la
calidad de los “Cuentos de la Pampa”, traducidos a varios idiomas, o de sus
poesías o de sus novelas o crónicas impregnadas de agudeza y a veces de espíritu
satírico, son, sin duda, obras como La Patria Grande. El destino de un
continente o El porvenir de la América Española, las que lo colocan en el
sitial de uno de los mas significativos y secretamente influyentes pensadores
argentinos del siglo que pronto dejaremos atrás.
En
este volumen dedicado a Manuel Baldomero Ugarte se ofrece, en primer lugar La
Patria Grande, pues ella –editada en 1922 y reeditada en Chile en 1939-
constituye su obra arquetípica. En la misma están presentes los 4 ejes temáticos
de su pensamiento. Su reformismo social, encarnado en un socialismo que –como
argumenta en el libro que comentamos- apareciera como “un partido intermedio y
moderado, radical–socialista, que repudiara categóricamente el colectivismo y
las hipótesis excesivas”. Su nacionalismo democrático abierto a la integración
continental su iberoamericanismo que constituía en su exigencia de unidad de
destino el único porvenir político verdadero para los países de lengua latina
y su antiimperialismo, visualizando en la pretensión norteamericana de extender
su dominio e influencias negativa sobre las naciones del sur del continente en
este aspecto Ugarte veía mas que una enemistad estratégica insuperable, una
oposición cultural. Lo iberoamericano y lo angloamericano constituían dos
culturas diferentes que debían desarrollarse en forma separada, aunque los mas
fraternalmente posible, sin que hubiera sometimiento de los más débiles a los
más fuertes.
Los
diferentes capítulos de la Patria Grande abarcan casi quince años de artículo
y conferencia de Ugarte y constituyen –reitero la obra arquetípica de toda su
producción. Se incluye aquí el texto de 1939 “América Latina por encima de
todo” colocado como prólogo a la reedición realizada por el autor pues
constituye un interesante nexo con su posición político-cultural de los años
veinte realizada casi 2 décadas después.
Completan
el presente volumen las siguientes páginas:
Cuatro
capítulos del libro El Porvenir de la América Española (Latina en otras
ediciones), que ofrecen una perspectiva complementaria, generacionalmente muy
rica, de temas que tratará o retomará en La Patria Grande. Ellos son: “ La
raza del porvenir”, “Las dos Américas”, “La democracia
latinoamericana” y “ Las reformas sociales”.
A
continuación puede leerse su “Manifiesto a la juventud latinoamericana”
publicado en la revista peruana Amauta, en 1927, a pedido de Víctor Raúl Haya
de la Torre, el cual resulta altamente expresivo del estilo político de Ugarte;
luego “Los fundamentos vitales”, extraído de su obra póstuma La
reconstrucción de hispanoamérica, que nos ofrece el temple del anciano
luchador e idealista. Sigue “La representación obrera”, texto perteneciente
al libro El arte y la democracia, en el cual definen su perspectiva social.
A
manera de apéndice se acompañan finalmente dos temas más ligados a la
literatura y el arte, en los cuales queda claramente subrayado el nexo
fuertemente social que unía al verdadero escrito con su pueblo y su sociedad.
Estos
textos, en su conjunto, ofrecen una aproximación adecuada a uno de uno de las
cumbres existenciales y ensayísticas más progresivamente
solitarias y, sin embargo más influyentes del pensamiento
latinoamericano.
Jorge Bolívar