Dr. Julio C. González
Henry Kissinger en sus tesis doctoral publicada con el título de “Un mundo restaurado”, señala que la política contemporánea resulta incomprensible si no se toma como pilar de referencia a las guerras napoleónicas. En esas guerras, en efecto, se halla la diagramación básica del mundo actual.
Es
fácil acreditar este concepto si se considera que en las campañas militares de
Napoleón Bonaparte lo que se disputaba no era el ámbito geográfico de Europa
sino los imperios coloniales que las potencias europeas habían edificado en los
tres siglos que en aquél entonces, tenía la época colombina iniciada en 1492.
En resumen, el objetivo político que va desde la campaña de Egipto
(19/05/1798-16/10/1799) hasta Waterloo (18/06/1815) es el Hemisferio
Americano más África más Asia más las rutas interoceánicas
que comunican los Continentes. Una guerra por la posesión del globo terráqueo.
Por su diagramación futura. Acaso por su destino irreversible para todos los
pueblos que constituyen la especie humana. Por algo, el Teniente General Perón,
sobre su escritorio de “Puerta de Hierro” tenía frente a su vista un pequeño
busto de Napoleón en bronce.
Dentro
de esos objetos colosales, Buenos Aires, la pequeña aldea portuaria era la
llave para el dominio de un continente. Para los franceses y para los ingleses.
En
1804 William Pih, el joven (1759-1806) Primer Ministro de Inglaterra trazó el
plan de conquista de América del Sur: ocupar Buenos Aires, crear un ejército
de nativos con conductores ingleses, traspasar la cordillera de los Andes,
arrebatar Chile a los españoles y desde allá por mar proceder a la conquista
del Perú. Al mismo tiempo ocupar Venezuela y con un ejército formado de igual
manera batir a los españoles marchando hacia el Perú donde deberían reunirse
con el ejército de Buenos Aires. Para la conquista que debía vincularse por
Buenos Aires fue designado Sir Arthur Wellesley Duque de Wellington y para la de
Venezuela Francisco de Miranda. Al complicarse la situación europea, Wellington
fue reemplazado por Beresford. Beresford y Miranda iniciaron su cometido sobre
el Río de la Plata y sobre Venezuela en 1806. Los dos fracasaron. Pero el plan
se mantuvo inalterable para ser ejecutado por otros (1).
Hasta
el día de Trafalgar (21/10/1806) tres potencias marítimas disputaban su
hegemonía:
España:
que con Fernao de Magalhaes inició la gran aventura de circunvalación del
globo en el siglo XVI.
Francia: que con Luis Antonio de Bougainville
(1729-1811) efectuó el relevamiento integral del Océano Pacífico y con
suficientes medios científicos determinó exactamente las longitudes valorando
exactamente las dimensiones de ese océano. Este viaje dio a Francia los
elementos para su expansión y su presencia en Asia (2), Jean Francois de La
Perouse (1781-1788) buscó consolidar este dominio bajo los auspicios de Luis
XVI que, de esta manera aportó un nuevo motivo para su trágico fin en la
guillotina (3).
Inglaterra:
que con Horacio Nelson (1758-1805) venció a sus rivales en Trafalgar imponiendo
los nombres de James Cooke (1728-1779) y de Sir Frances Drake (1540-1596) por
sobre sus antecesores ibéricos y galos. A estos últimos les quedó la óptica
y el heroísmo en amarillentos libros raramente reeditados. A Nelson la estatua
que le elevó el comercio británico por haber cumplido con su deber...
comercial.
En la misma época el dominio de la masa terráquea
se hallaba bajo el control de tres naciones:
Rusia:
que con Pedro I el Grande (1672-1725) se convirtió en una potencia económica y
militar que ocupó desde entonces un lugar preponderante en el concierto
europeo.
Prusia:
que con Federico II el Grande “un monarca muy liberal” (1712-1786) discípulo
de Voltaire, introdujo en la masa terrestre el desplazamiento de la guerra como
equivalente del desplazamiento que hacían los países marítimos.
Austria:
que con María Teresa (1717-1780) equiparó el poder militar de su país al de
Prusia. Que con José II (1741-1790) introdujo la libertad y al laicismo y que
con Clemente de Metternich (1773-1859) después de Waterloo impuso a Europa el
equilibrio de la paz que duró un siglo. Desde la Santa Alianza de 1815 hasta la
primera conflagración mundial en 1914.
Frente
a estos hechos consumados todo el mundo será escenario forzoso de la historia.
La interrelación entre los gobiernos conductores con las formas más variadas y
de los pueblos conducidos, a gusto o a disgusto, habrá de formar un tejido muy
denso.
Un
examen elemental de los plexos que constituyen el teatro de la historia, nos
exhibe lo siguiente:
A)
Una masa terrestre envuelta por el mar.
B) Un anillo insular y de bases marítimas que rodea a la masa
terrestre.
Trabajando
sobre esta apreciación Sir Halford Mackinder elaboró en los primeros años de
este siglo la geopolítica sobre la cual ha operado siempre el Imperio Británico
(4).
Para
Mackinder la masa terrestre es Europa-Asia y África. Esta masa encierra a la
gran isla del mundo cuyos límites son:
1)
Al Norte el Mar Glaciar Ártico.
2)
Al Sur el Desierto del Sahara.
3)
Al Oeste el Océano Atlántico.
4)
Al Este las Estepas y Mesetas de Siberia.
La
gran isla del mundo así delimitada tiene un corazón (Heart Land) que
corresponde en límites políticos a la Rusia Europea.
La
gran isla del mundo está rodeada por un anillo insular y una periferia con
bases marítimas que a su vez tiene un corazón que corresponde a Inglaterra que
es de esta manera el corazón del mar o (Heart Sea).
La
gran isla del mundo (con su corazón en Rusia) es expansiva.
Su constante histórica es anexarse territorios. Con
el método ha marchado hacia el norte, hacia el oeste, hacia el este y también
hacia el sur. La paneslacismo expansivo ha crecido en tiempos modernos del
marxismo-leninismo.
El
gran anillo insular y la periferia de los continentes con bases marítimas
tiene su corazón en Inglaterra y es en cambio, multiplicador. Gran Bretaña
a procurado siempre el control de las islas que se halla frente a los
continentes: Gran Bretaña e Irlanda en sí mismas con respecto a Europa del
Norte: Malta y Chipre con respecto a Europa del Sur: y a África del Norte:
Jamaica primero e Islas Bahamas y demás antillas con respecto a América
Central, al Norte de América del Sur, Malvinas con relación a la parte austral
de América del Sur, Isla Ascensión y Santa Elena con relación al África;
Islas Sey Chellas en el Océano Índico, frente al África y frente a la India,
el Archipiélago de Malasia frente a Indochina, Nueva Zelandia frente a Oceanía.
Al mismo tiempo ha establecido enclavar y bases marítimas en la
periferia de todos los continentes: Gibraltar en Europa, Ciudad del Cabo en África
del Sur, Hong Kong en Asia, Terranova en América del Norte, Belice en América
Central, Guyana en el norte de América del Sur y Buenos Aires, ocupada
militarmente en 1806 controlada económicamente de ahí en adelante, como base
de operaciones para la Cuenca del Plata, la Patagonia, y toda la América
meridional como lo hemos analizado detenidamente en toda la extensión de este
trabajo. La enumeración de islas, enclaves y bases marítimas que hemos
formulados es sólo ejemplificativa y no enunciativa de su totalidad.
Así,
resulta evidente que el imperio Británico y su sucedáneo nominativo el
Commonwealth (Common: común, Wealth: riqueza) ha crecido en forma de encina (6)
en todas las épocas de las eras colombinas. Con los Tudor, con los Estuardos,
con la República de Oliverio Cronwell, con los Hanoover y con los Windsor. Con
los Wings o con los Tory. Con los conservadores de Winston Churchill o Margaret
Tatcher o con laborista de Clement Attle, las raíces troncales de esa encina se
hallan en el hemisferio austral: Nueva Zelandia, Australia, África del Sur y la
Patagonia Argentina.
Es
imperioso recordar que por la proyección de esos cuatro ramales el poder británico
se inserta en la Antártida (7).
Conocer
lo expresado, aunque más no sea en ser enunciado es decisivo para comprender la
maltrecha política interna y el destino de nuestro martirizado país. Porque,
como afirma un viejo aforismo “el que conoce tan solo su propio país tampoco
conoce a éste”. Por eso en nuestras escuelas primaria, secundarias y
universidades se enseña únicamente la Argentina de los adjetivos calificativos
y de las biografías de los gobernantes oponentes: “dictadura” o
“democracia”, “Rosas” o “Sarmiento”. El mapa Argentino del canal de
Beagle o del Riachuelo de Buenos Aires o de Viedma. Jamás un planisferio. De
esta manera la explicación integral de una política sostenida nunca se
formula.
El
Océano Atlántico es el “mare nostrum” británico afirman R. Henning y L. Körholz
y ya se hallaba dominado por los efectivos navales ingleses mucho antes de la
independencia americana (8). En este qué hacer fue determinante, para la
hegemonía británica la actividad de piratas, bucaneros y corsarios, esto es,
de los guerrilleros del mar que entre los siglos XVI y XVIII destruyeron el
poder marítimo español.
En
la tesis geopolítica de Sir Halford Mackinder, la historia de la humanidad es
un ininterrumpido conflicto entre las dos regiones que antes hemos descrito: 1)
la gran masa terrestre e islas del mundo que es expansiva, crece como la hiedra
y ejerce una fuerza centrípeta, 2) el gran anillo insular y la periferia con
bases marítimas que es la multiplicadora crece como la encina y ejerce una
fuerza centrífuga.
Esto
se traduce en una supremacía marítima frente a un equilibrio de las potencias
terrestres o en una supremacía terrestre frente a un equilibrio de las
potencias marítimas. Mackinder explica que para mantener su tendencia a la
supremacía, Rusia se deshizo de Alaska, porque para los rusos no poseer nada
sobre el mar es tan importante como para los británicos no poseer nada fuera
del océano (9). En una eventual alianza entre Rusia y Alemania, Mackinder
advierte la gran amenaza para el Imperio Inglés (10). Esta alianza se dio en
dos momentos de la historia: está Napoleón I y el zar Alejandro cuando en el río
Niemen el 25/06/1807 se pusieron de acuerdo para asfixiar a Inglaterra por el
bloqueo continental y cuando
Molotov y Ribbentrop firmaron el pacto ruso-germano en Moscú, el 23/08/1939.
La
conquista del aire en el siglo XX a puesto a disposición del poder terrestre un
elemento para enfrentar al poder marítimo, que en el siglo XIX no contaba. R.
Kenning y L. Körholz son terminantes al afirmar que “ la declinación de la
gran bretaña será provocada por un nuevo y trascendental factor en la historia
de la humanidad, a saber, el “arma aérea” (11). En la guerra por la
Reconquista de las Islas Malvinas iniciadas el 02/04/1982, la Argentina exhibió
un poder aéreo que constaba la exactitud de esta tesis a la vez que desarticula
el esquema del Sr. Halford y Mackinder.
Frente
a todo esto, los EE.UU. se habrán convertido en una potencia oriental
pronosticaba Makinder: observamos que esto es históricamente cierto desde que
Washington y Pekín estrecharon relaciones en la década de 1960. El autor que
comentamos agrega que esta posición de los EE.UU aparece con el canal de Panamá
en 1902 lo cual permitió a los norteamericanos disponer del pacífico, del
Missisipi y del Atlántico por sí mismos.
A
partir de entonces la línea divisoria entre el Este y el Oeste es el Océano
Atlántico (12).
La dilucidación
de todo este conflicto reside, según Mackinder en el rol que suma la América
del Sur porque con “el desarrollo de las grandes potencialidades de América
del Sur pueden tener una influencia decisiva en el sistema” (13).
En
otras palabras: el destino del mundo, hoy en 2002, como ayer durante las guerras
napoleónicas que terminaron en Waterloo en 1815 está dado por la posesión de
América del Sur. De ahí el significativo título de la obra del Teniente
General Perón “América Latina-Ahora o nunca”, un título de dos palabras
que lo explican todo (14).
La
tercera posición de Perón fue en términos políticos un concepto hemisférico
frente a la gran masa terrestre con corazón en Rusia (Hearthland) y frente al
gran anillo insular con corazón en Gran Bretaña (Heart Sea). Si la América
del Sur puede tener una influencia decisiva, las américas hemisféricas pueden
tener una fuerza propia, centrífuga y centrípeta. De tierra. De mar. De aire.
Una nueva alternativa para la humanidad. El hombre puede y debe cambiar el curso
de la historia.
Lo
expuesto hasta aquí nos permite comprender que no era casual la presencia de
Jean Adam Graaner, veedor del Zar de Rusia y del Rey de Suecia, en el Congreso
de Tucumán de 1816 (15). Es evidente que tampoco fue un quehacer turístico su
regreso a Buenos Aires en 1818, su estadía en San Luis y en Mendoza estudiando
minerales y su paso a Chile para hacer lo mismo. El destino de Graaner lo
confirma: en 1819 partió del Valparaíso rumbo a Calcuta con el propósito de
ir a su país por tierra atravesando Persia y Asia Menor hasta Constantinopla y
desde allí a Suecia. Pero sorpresivamente en Calcuta por causa de una
enfermedad súbita, aparece embarcado en un navío inglés en el que falleció
el 24/10/1819 a la altura del Cabo de la Buena Esperanza (16) un final similar
al de Mariano Moreno.
Con
la muerte de Graaner, representante del Hearthland, el camino quedó libre la
Woodbine Parish representante del Hearth Sea. Los hechos europeos especificados
en el memorando de la Legación Peruana en Londres de fecha Enero 7 de 1826, se dieron con la prospección que allí se refiere: la muerte súbita
del Zar Alejandro I en 1825, llegó primero al trono a su hermano Constantino I
y así inmediatamente a Nicolás I que gobernó a Rusia desde 1825 hasta 1855. A
diferencia de Alejandro I, que pretendía restaurar el Imperio Español en América
a través de la Santa Alianza monárquica, Nicolás I volcó todo el poder
militar de su país en la ampliación de las fronteras rusas y anuló los
proyectos de sus antecesores con relación a América por vía de ayuda a España.
En 1826 conquistó la zona de Erivan que correspondía a Persia y la anexó a
Rusia. Entre 1827 y 1829 intervino junto con Francia e Inglaterra a favor de
Grecia contra Turquía y en 1854 lanzó a su país a la guerra de Crimea donde
fue perdedor ante las fuerzas coaligadas de Turquía, Francia e Inglaterra.
Paradojalmente, de los planes garistas para América del Sur y la Argentina, sólo
quedó como símbolo desapercibido, la locomotora “La Porteña” que los
ingleses emplearon en Crimea y luego en 1857 como gran novedad tecnológica la
arrojaron a nuestro país para iniciar la era del Virreinato ferroviario.
Coetáneamente
con la muerte de Alejandro I, se afirmó la ubicación de Buenos Aires “en el
gran anillo y en la periferia con bases marítimas” con centro en Londres para
ello, en ese año de 1825, se incorporó nuestro país a la estructura
financiera de los empréstitos internacionales.
El
primer empréstito fue contratado en 1824, con la casa Baring Brothers en virtud
de la autorización de la junta de representantes de la Provincia otorgada por
ley sancionada el 19 de Agosto y promulgada el 22 de Agosto de 1822 (17). Sobre
este primer empréstito existe una abundante bibliografía (18), manera sutil ésta
de hacer olvidar la cadena de empréstitos posteriores y en especial los de los
tiempos del “proceso”. En verdad es llamativo el hecho de que hayan tantos
autores que se ocuparon del primer empréstito y que no haya uno solo que
hubiese encarado en continuismo detallado de todos los que siguieron hasta
nuestros días, con indicación de tantos datos como los que se vierten sobre el
empréstito de 1824.
Un
análisis de tal naturaleza todavía es agucidado por el país, con indicación
de imputaciones económicas, causas jurídicas, con posición, forma y plazos de
amortización y valor de mérito económico.
El
empréstito en cuestión se perfeccionó por la aceptación que hizo la casa
acreedora, Baring Brothers, y el 2 de julio de 1824. En la nota de aceptación
dirigida al gobierno de las Provincias Unidas, los acreedores expresan que ven
en la operación “una conexión futura con los intereses de la Europa”
(19). Apenas siete meses después, el 2 de Febrero de 1825, Gran Bretaña
reconocía la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, a
través de la firma del Tratado de Amistad Comercio y Navegación suscripto por
el Cónsul Woodbine Parish y el Ministro Secretario de Gobierno, Hacienda y
Relaciones Exteriores de las Provincias Unidas, por ley Fundamental del 23 de
Enero de 1825, Don Manuel José García.
La
sincronización de fechas no da lugar a dudas que el empréstito de 1824 fue el
precio pagado por el Gobierno de Buenos Aires para obtener el reconocimiento de
la independencia “de su nueva y naciente república” (sic.) conforme nos
denomina la nota de la Casa Baring Brothers del 2 de Julio de 1824 (20).
Las
presunciones graves, precisas y concordantes que existen entre ambos actos, el
empréstito y el tratado de amistad, comercio y navegación, lleva
obligatoriamente a la conclusión jurídica sentada en el párrafo precedente.
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El
primer empréstito y todos los que hasta hoy se han sucedido fueron el arma que
se ha utilizado para mantenernos en la ubicación geopolítica que hemos
mencionado anteriormente.
Cada
país de hispanoamérica que nacía, lo era en condición de deudor. Sin
excepciones. Veamos al caso de Perú, allí, fracasada la conferencia de
Punchauca del 2 de junio de 1821, donde San Martín sienta la propuesta de que
“la independencia del Perú no es inconciliable con los intereses de España”
y a la cual nos hemos referido extensamente (21) el 28 de julio de 1821 se
declara la independencia del Perú y el 2 de agosto de 1821 San Martín asume el
título y las funciones de “Protector del Perú”. La guerra no ha
terminado... pero el 24 de diciembre de 1821 Don Juan García del Río Ministro
de Relaciones Exteriores y el Doctor Diego Paroissien, médico de San Martín,
son enviados por el Consejo de Estado del Perú
como Ministros Plenipotenciarios de Europa, con una misión muy concreta.
1)
“... negociar la alianza o la protección de Gran Bretaña y aceptar un
príncipe de la casa reinante de ella para ser coronado emperador de una monarquía
limitada en el Perú con la condición de aceptar la constitución que le diesen
los representantes de la nación. En caso de encontrar obstáculos insuperables
por parte del gabinete británico, se haría la misma proposición al Emperador
de Rusia, como único capaz de rivalizar con Inglaterra, aceptando un príncipe
de su dinastía o el candidato a quien el Emperador asegurase su protección. En
defecto un príncipe de la casa de Brunswick de Austria o de Rusia, se declaraba
aceptable alguno de Francia o Portugal y en último caso, al Príncipe de Luca,
antiguo soberano imaginario del Río de la Plata, este, con la condición de no
ser acompañado de la mejor fuerza armada”. (22)
Como es de
apreciar, la geopolítica de Inglaterra-Europa era condicionante en extremo. San
Martín pretendió soslayarla en Punchauca pero no pudo. El hombre y sus
circunstancias... Un hombre de carne y huesos. No un mito, ni una deidad ridícula
como se insiste trastocar al San Martín humano.
2)
“Nombrose para desempañar esta misión a García del Río y a
Paroissien con el encargo conjunto y ostensible de negociar el reconocimiento de
la independencia del Perú y un empréstito en Londres” (23).
El monto de
este empréstito se hallaba autorizado en tres o cuatro millones de pesos con un
interés del 8 al 10 por ciento y pagaderos en diez años (24). Obsérvese que
el monto de “tres o cuatro millones de pesos” es la misma cantidad que se
menciona en el art. 1 de la Ley dictada por
la Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires del 19-22 de agosto
de 1822 “Tres” o “Cuatro”, lo mismo daba...
Pero el
paralelismo entre el empréstito argentino y el peruano no se limitaba a las
cantidades: los motivos que los preceden y en los cuales una forzada posteridad
intentará justiciarlos, fueron los mismos en Lima y en Buenos Aires.
En Buenos
Aires, la necesidad empréstito se pretende justificar en la falta de metálico
para el fisco o Caja del Estado y para los particulares, se halla en hachos idénticos.
Buenos
Aires:
saqueo del tesoro del Virreinato consumado por el General Beresford en 1806 al
momento de tomar posesión de la ciudad. Monto 1.086.208 pesos (25).
Lima:
saqueo del tesoro del Virreinato consumado por el Vicealmirante Inglés Lord
Cochrane en el momento de entrar el ejército libertador en Lima. Monto 586.000
pesos (26). Ricardo Rojas acota que “este metálico lord, cuya conducta puede
compararse al más famoso filibustero, pasó al buque en que se hallaban
depositados los intereses y principiando por arrojar al tesorero y a los dos
contadores que custodiaban los caudales se apoderó de todos ellos”.
Buenos
Aires: La
Primera Junta, accede a la petición de los comerciantes británicos de
prorrogar sin límite de tiempo el Edicto de Libre Comercio del Virrey Cisneros,
quien había permitido por un año el libre comercio con los ingleses para que
el pago de derechos de aduana rehabilitase las arcas fiscales que estaban vacías
desde el saqueo de 1806. El Edicto de Libre Comercio vencía el 15 de mayo de
1810. pero el día anterior llegó la fragata inglesa “Misletoe” y comenzó
la semana de mayo... como resultado final “Cisneros es quien tuvo que irse y
los ingleses se quedaron para siempre” (27).
Lima:
Septiembre de 1821, en plena guerra por la independencia se procuró establecer
la plaza de Callao por medio de una contrata con varios comerciantes ingleses
que se ofrecieron a introducir víveres por agua, mediante el abono de 500.000
pesos, pagaderos 100.000 al contado y 400.000 en las cajas de Arequipa. Las
cajas reales del Callao estaban casi exhaustas por efectos del riguroso bloqueo
marítimo y terrestre, así que fue necesario acudir al peculio particular de
los refugiados y de los jefes y oficiales y para llenar el cupo, la misma tropa
de Canterac, tuvo que devolver 2.000 onzas de oro que había recibido a cuenta
de sus sueldos”. Mitre destaca que “como se ve, lejos de extraer ningún
dinero los españoles dejaron el que habían traído de la sierra”(28).
San Martín
terminó sus días en un exilio sin retorno. Bernarde de Monteagudo mentor de su
pensamiento hispanoamericano fue asesinado en una calle de Lima en la noche del
28 de enero de 1825. Mariano Billinghurst dio más tarde detalles de esta
muerte” (29). Billinghurst es recordado en Buenos Aires con una calle que
lleva su nombre, por ser el primer súbdito británico que obtuvo ciudadanía
argentina.
Analizando el
fenómeno de los empréstitos cincuenta años después, Alberdi observa que
“la deuda externa de Sud América viene a ser la deuda hipotecaria del
mundo”. A continuación traza este esquema:
(*)
DEUDA INGLESA DE LOS ESTADOS DE LA AMERICA DEL SUR
En la obra que
estamos comentando, Alberdi asienta estos importantes conceptos:
1)
Referencia al área geográfica donde se domicilian los acreedores.
“Las empresas de producción y de mejoramientos económicos son el pretexto invocado por la especulación de los dos mundos (Europa y América del Sur), pero la verdadera inversión que recibe el producto de tales empréstitos se divide por mitades: una de las dos especulaciones, la otra para empresas de guerras, que también son industriales en el sentido en el sentido que son hechas para enriquecer a sus promotores y arruinar a sus antagonistas políticos”.
“Las guerras
que asolado al Paraguay y al Entre Ríos se han hecho con el oro de los
ingleses. Díganlo sino la historia de los empréstitos argentinos de 1860 y
1874 y los hechos al Brasil por ese tiempo” (31).
2)
Con respecto al carácter incobrable de la deuda:
“Como crédito hipotecario, el de Europa sobre América es el más ruinoso de todos, porque es inejecutable: no se puede pensar aquí en el remate público de todo un mundo, de dieciséis naciones a la vez” (32).
“El castigo
de los prestamistas está en los efectos que las crisis, nacidas de esas
guerras, hacen pesar sobre ellos” (33).
Con estas
palabras Alberdi, fundamenta el carácter político y no jurídico de la deuda
externa. De la Argentina y de todo el Continente.
3)
Sostiene que la independencia se convirtió en transferencia:
“La América del Sud, emancipada de España, gime bajo el yugo de su deuda pública.”
“San Martín
y Bolívar le dieron su independencia, los imitadores modernos de esos modelos
le han puesto bajo el yugo de Londres.”
“Este es el
gran problema de su política actual”.
“La guerra
que le dio su libertad, le ha dado la cadena de su deuda” (34).
4)
Nombre y apellido de los gobernantes que contrajeron la deuda:
“ Las ocho décimas partes (de la deuda Argentina) son de origen reciente. En la parte extranjera de esa deuda no hay nada que pertenezca a los gobiernos de Rosas y Urquiza”. El Paraguay de los López, tampoco dejó deuda (35).
“ He aquí el
cuadro de su cronología y carácter” (36).
Hemos
trascripto los conceptos precedentes de Alberdi, porque son de absoluta claridad
y de plena actualidad. Es más, el volumen mismo de la deuda Argentina y de la
deuda de América Latina se mantiene así constante, si medimos los guarismos de
ella en función de su valor intrínseco o sea en la capacidad de adquisición
de esa masa monetaria. En efecto, la deuda pública Argentina al 31 de diciembre
de 1986 (excluida la deuda externa privada Argentina) llegaba a un total de
43.167 millones de dólares, conforme información oficial de la Secretaría de
Hacienda publicada en “La Nación” el 15 de abril de 1987 página 1. La
deuda externa de Iberoamérica a diciembre de 1985 era de 370.000 millones de dólares
(37). El cálculo resulta fácil si se tiene en cuenta que una libra esterlina
se cotiza aproximadamente a dos dólares. Esto es un dólar equivale a media
libra.
Alberdi
enfatiza que “La Europa presta al suelo, no al hombre, cuando presta su
riqueza a los Estados de América del Sud” (38)
y que “el suelo viene a ser
el único deudor, el trabajador, y el único pagador de las deudas de Sud América
en Europa” (39) y que todo esto se traduce en “las crisis económicas en que
perecen las riquezas prestadas para el prestamista y para el deudor” (40).
Este párrafo es muy importante. En él, Alberdi nos advierte de la culpa
concurrente que existe entre las bancas acreedoras europeas y los gobiernos
tomadores de los innecesarios empréstitos. Al respecto dice Alberdi:
“Los
torrentes de oro tomados por riqueza o signo de riqueza argentina en los últimos
años de prosperidad, eran riqueza inglesa, no argentina, riqueza extranjera
inmigrada en el país, como su población europea, originada en un trabajo y en
un ahorro que no eran virtudes del país porque eran el trabajo y el ahorro de
un país extranjero que los produjo, los acumuló y los prestó a la República
Argentina” (41).
Y
refiriéndose al despilfarro de los dineros recibidos a través de los empréstitos,
dice Alberdi:
“el que se
ajena la riqueza que ha perdido, no quita que sea propia la deuda que ella le ha
dejado y el gasto del pago de sus intereses, como su gasto originario de siglos,
gracias a Mitre, Sarmiento y Cía. Los nietos de nuestros nietos llevarán sobre
su cuello el yugo que les deja en herencia la amabilidad de esos gobiernos” (42).
Alberdi
se pregunta qué es lo que hace la América deudora para salir de este
atolladero. Y si hesitación contesta sin cortapisas “Busca en la Guerra los
medios de pagar su deuda” (43).
Ejemplificando
lo dicho, se refiere a las guerras por cuestiones de límites que, ayer como
hoy, aparecen como la única respuesta a las cuestiones de la deuda externa:
“De
ahí que las cuestiones de límites, que no son límites, sino de países que
están sin límites porque están sin habitantes” (44).
Alberdi
concluye que:
“Es la
economía política y no en el derecho de gentes la que debe dictar las
soluciones de los problemas de límites, que amenazan con nuevas guerras a los
Estados empobrecidos e insolventes” (45).
Dr. Julio C. Gonzalez
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En el diagrama de Alberdi, se ubican
episodios contemporáneos a los cuales es ineludible referirse. Tales son:
Sustitución
del Ejército y Deuda Externa.
1) Durante el gobierno constitucional del 25-5-73 al 24-3-76 el Poder Ejecutivo Nacional no contrató ningún empréstito exterior. Ni el Presidente Héctor J. Cámpora, ni el Presidente Juan Domingo Perón, ni la Presidente María Estela Martínez de Perón suscribieron jamás ningún decreto de endeudamiento externo.
El
Teniente General Juan D. Perón fue inflexible en su política de no contraer
ninguna clase de deudas con el exterior. Es esta una definición de su
personalidad y de su política que no se ha valorado suficientemente. En tal política
hay una coherencia absoluta en los tres gobiernos del peronismo: en el que
transcurre desde el 4-6-1946 al 4-6-1952, en el que se sigue desde esa fecha
hasta el 16-9-1955 y en el ejercicio desde el 25-5-73 hasta el 24-3-1976. La República
Argentina gobernada por el Teniente General Perón, concurrió a la conferencia
constitutiva del Fondo Monetario Internacional en 1946 pero no se incorporó al
organismo bancario internacional ni verificó ningún negocio con el mismo. En
España, en abril de 1969, conversamos personalmente con el General Perón sobre
este tema. Refiriéndose al mismo, el General Perón nos dijo: “cuando la
delegación argentina nos presentó su informe desistimos de incorporarnos al
Fondo Monetario. Yo vi enseguida que era un sistema inventado para estafar a la
gente, a los gobiernos y a los países”. Por eso en las décadas de los
gobiernos peronistas (1946-1955) la Argentina estuvo ausente del F.M.I. Otro país
que observó una conducta similar fue Rusia que después de firmar el acuerdo
constitutivo del Fondo Monetario Internacional se retiró del mismo sin dar
explicaciones (46).
Al
16 de septiembre de 1955, fecha en que fue derribado el segundo gobierno del
General Perón por una rebelión delictiva, la República Argentina no tenía
deuda externa. El General Eduardo Lonardi al dar lectura al informe del
economista Raúl Prebisch, adjudicó al gobierno del General Perón una deuda
externa de 757 millones de dólares y una reserva de 450 millones de dólares (47).
Ambas
cifras eran falsas. Lonardi ignoto en materia económica, desconocía lo que leía.
Arturo Jauretche demostró en un libro que ya tiene la jerarquía de un clásico,
“El retorno al Coloniaje”, que la realidad era otra: nuestro país tenía créditos
por convenios bilaterales por 233 millones de dólares y pagos diferidos (o sea
por plazos acordados) por importaciones por 409 millones de dólares. Esto es,
que se trataba de créditos recíprocos por el intercambio de mercaderías que
era un sistema de cuentas corrientes de la misma índole del que utilizaban los
comerciantes en sus negociaciones. En cuanto a las reservas ascendían a 620
millones de dólares (48).
El
gobierno de hecho ejercido por el General Pedro Eugenio Aramburu y por el
Contralmirante Isaac Francisco Rojas dispuso por Decreto ley Nro. 15.970 del 31
de Agosto de 1956 el ingreso de la Argentina al Fondo Monetario Internacional
con una cuota que se estableció en 150 millones de dólares. La Argentina aportó
inmediatamente el 25% de esa suma o sea 37,5 millones de dólares en oro y el
75% restante en pesos moneda nacional. En 1959 el gobierno del Dr. Arturo
Frondizi aumentó esa cuota a 280 millones de dólares y en 1966 el gobierno del
General Juan Carlos Onganía la elevó a 350 millones de dólares
(49).
Con
la incorporación de la República Argentina al Fondo Monetario Internacional
quedaron suprimidos los tratados y acuerdos comerciales bilaterales y la
presencia promotora del Estado en la expansión del comercio exterior. El
control de cambios quedó prohibido por el F.M.I. De esta manera se desató una
incontrolable especulación con la compraventa de moneda extranjera. El agio de
dólares reemplazó a la producción de cosas. El axioma de Perón
“producir”, “producir” y “producir” quedó erradicado del idioma político
argentino.
Para
que todo esto fuera posible, se cumplieron los siguientes hechos que encuadran
perfectamente en el esquema trazado por Alberdi:
...
16 de junio de 1955: bombardeo de la Ciudad de Buenos Aires, en plena paz y al
mediodía, con un saldo de varios centenares de muertos en la inocente población
civil que desarrollaba sus actividades a esa hora. No hubo cifras oficiales.
...
En la lucha para derrocar al General Perón a su gobierno constitucional toma
parte activa una potencia naval extranjera (Inglaterra) conforme lo acredita y
denuncia formalmente en el Congreso el Diputado Nacional Doctor Oscar Alende
(sesión de la Cámara de Diputados de la Nación. Agosto 10-11 de 1955 Reunión
30) (50).
... 9 al 12 de
junio de 1956: fusilamiento de dieciocho militares del Ejército y de catorce
ciudadanos civiles por la tentativa de restaurar el orden constitucional. Fue
esta la única vez que en nuestra historia fue fusilado un General. Nos
referimos al General de División Juan José Valle quien en sus últimos minutos
de vida dirigiéndose a sus verdugos escribió estas palabras: “Es asombroso
que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto y sus más
fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria” (51).
Para que estos
sangrientos hechos y sus nefastas implicancias económicas tuvieran carácter
irreversible, se procedió a sustituir integralmente el cuadro de oficiales del
Ejército Argentino que no había sido defensor de la gran política económica
exterior construida por el Presidente Teniente General Juan Domingo Perón.
2)
La deuda externa dejada por la administración de hecho del General
Alejandro Agustín Lanusse al 25 de Marzo de 1973 ascendía aproximadamente a
5.000 millones de dólares, suma casi igual a la fuga de capitales que habían
producido las liberalidades cambiarias impuestas al país tras el derrocamiento
de Perón (52).
Esa
deuda externa exhibía el siguiente cuadro de incremento acumulativos:
Final
del año 1955
:
600 millones de dólares
1958 :
1493 millones de dólares
1961 :
1670 millones de dólares
1963 :
2113 millones de dólares
1965 :
1970 millones de dólares
1967 :
1193,9 millones de dólares
1971 :
5000 millones de dólares.
Tomamos
estos datos de la obra estadística de Luis Vitale citada precedentemente. Este
autor señala que entre 1955 y 1963 la nación Argentina debió tributar por los
empréstitos la suma fabulosa de 1900 millones de dólares en concepto de
intereses y amortización parcial.
Los
pagos más onerosos de esa deuda correspondían a los años 1973, 1974, 1975 y
1976 (53). Es sintomático que para gobernar el país en esa época se haya
convocado a elecciones con imprevista celeridad. Nadie ha estudiado esta
coincidencia que está estrechamente relacionada con otra cuestión siempre
silenciada. Tal es el hecho de que, con la asunción del gobierno constitucional
el 25 de Mayo de 1973, la Junta de Comandantes de las Fuerzas Armadas no se
disolvió, quedó como organismo de supervisión del nuevo gobierno. El general
Lanusse en sus memorias lo dice expresamente:
“Ratificaré
mi convicción de que el próximo gobierno debía ser de ‘transición’, ...
expresando: Los hechos nos están demostrando que será muy difícil el
pretender pasar el estado actual en que se desenvuelve el país a un estado
ideal de plena vigencia de todas las instituciones”. “Es evidente que se
requiere un período de acondicionamiento y de acostumbramiento para la vida en
democracia tal cual la concebimos” (54).
Por
esta razón el ex Presidente de hecho Lanusse, señala que de acuerdo con los
integrantes de la comisión Coordinadora del Plan Político, General Betti,
Brigadier López y Almirante Massera,
“Se
resolvió hacer efectiva la rotación de la Presidencia de la Junta de
Comandantes en Jefe, después de la asunción del gobierno, por parte de las
autoridades constitucionales” (55).
El
Gobierno electo el 11 de marzo de 1973 había resultado así un gobierno
condicionado. “El entendimiento con el peronismo, prosigue Lanusse, debía
llevarse, fundamentalmente, a través del sindicalismo” y “el acuerdo debía
establecerse antes de la determinación de las candidaturas” (56).
En
este orden de condiciones, una de las imposiciones más duras que se hicieron
fue que el peronismo no se presentara a elecciones como un partido autónomo, ni
que gobernara como tal sino como integrante de una coalición.
Así
el gobierno que asumió el 25 de mayo de 1973 con Héctor Cámpora y Vicente
Solano Lima, como gobierno que asumió el 12 de octubre de 1973 con el Teniente
General Juan Domingo Perón y María Estela Martínez de Perón era un gobierno
con estas parcialidades:
a)
Hipotecado por la deuda externa.
b)
Jaqueado por una subversión iconoclasta.
c)
Tutelado por una Junta Militar que subsistía.
d)
Desarticulado por una coalición heterogénea que integraba el Congreso a
través de una complicada representación proporcional.
e)
Con un mandato limitado a 4 años de duración que había sido impuesto
por un remiendo grotesco al texto de la Constitución Nacional de 1853, suscripto
por el mismo Lanusse.
f)
Con la prohibición de restaurar la política energética “según el
mandato de la Constitución de 1949” (57).
En síntesis el esquema en que debía desenvolverse el tercer gobierno peronista era el esquema típico que los ingleses han trazado siempre para los países de su periferia colonial: una representación pluripartidista, proporcional, con periodicidad escasa en el tiempo y un poder bien dividido para que nadie mande, el pueblo se confunda y el capital extranjero y sus empréstitos no puedan ser perturbados.
La
condena de muerte al gobierno así instalado fue pronunciada en Europa
coetaneamente con el fallecimiento del Teniente General Perón en Julio de 1974.
En esa fecha el Mercado Común Europeo cerró sus puertos a las importaciones de
carnes argentinas. La principal fuente proveedora de divisas para el país quedó
suprimida (58).
No
obstante estos condicionamientos bestiales, el Gobierno peronista electo el 11
de marzo de 1976 dejando la misma deuda que había encontrado el 25 de mayo de
1973. Gobernó todo el período sin contratar ningún empréstito. Desde la
Secretaría Técnica de la Presidencia de la Nación nos cupo el honor histórico
de mantener esta política, oponiéndonos férreamente al facilismo económico
de los empréstitos que propiciaron los sucesivos Ministros de Economía de ese
período. Cumplimos de esta manera con la palabra empeñada por el General Perón
durante la campaña electoral de los comicios de 1973: “Liberación o
Dependencia”. La deuda externa al 24 de marzo de 1976 era de aproximadamente
6.000 millones de dólares (59). Frente a esto, las reservas del banco Central
eran exiguas. Demostramos al mundo, de esta manera, que la pobreza de un país
no es incompatible con su independencia patrimonial y la libertad económica de
sus ciudadanos.
Pero
el mérito de gobernar repudiando a la usura internacional, que para cualquier
Estado civilizado es una proeza, para el antropófago gobierno del “Proceso”
fue sinónimo de corrupción y subversión. Los plumíferos del sistema colonial
consideraron que el no haber contratado empréstitos fue lo que hizo caer el telón
el 24 de marzo de 1976. Entonces, dice uno de ellos “se dio vuelta la página
y el país respiró hondo” (60).
Pero
si el país de este individuo respiró hondo, el país de los argentinos fue
ahogado en cárceles y cementerios.
3)
Durante el gobierno del “proceso” la pornografía necrofílica fue
una realidad dantesca que saliendo de la literatura, fue incrustada bestialmente
en la vida de millares de seres humanos de carne y hueso. La Argentina exhibió
ante el mundo un genocidio de treinta mil personas. De ellas más de siete mil
desaparecieron después de ser secuestradas y no tuvieron el descanso de un
sepulcro. “Detrás del alegado propósito de combatir a la minoría
terrorista, se consumó un verdadero genocidio”, leemos en el Informe Oficial
de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas” (61). Damos fe de
esta conclusión. El peligro subversivo fue un pretexto sobredimensionado
adrede. El gobierno constitucional abatido el 24 de marzo de 1976 había tomado
todos los recaudos legales para combatir el terrorismo y su aplicación fue
eficaz. Nos referimos, a la ley 20.840 sancionada por el Congreso el 28-9-1974 y
promulgada por el Poder Ejecutivo el 30-9-1974 que fue tipificada como delitos
los actos terroristas bélicos y económicos y encargaba su conocimiento a la
Justicia Federal Argentina con severísimas penas para los responsables, previas
las garantías del debido proceso, esto es con acusación, prueba y defensa (62). No debe confundirse esta ley, con el Decreto Nro. 2772 del 6 de octubre de
1975 que ordena a las Fuerzas Armadas “aniquilar el accionar de los elementos
subversivos en todo el territorio del país” (63).
Este
Decreto fue firmado: por Italo Luder entonces senador a cargo interino del Poder
Ejecutivo y ahora diputado nacional electo por la Provincia de Buenos Aires, por
Antonio Cafiero entonces Ministro de Economía ahora gobernador electo de la
Provincia de Buenos Aires y por Carlos F. Rukauf entonces Ministro de Trabajo y
ahora diputado nacional electo por la Capital Federal. Todos ellos integrantes
ahora del “peronismo renovador”.
Con
la ley 20.840 se cumplió un principio férreo del Teniente general Perón quien
al ordenar la redacción de esa ley expresó: “yo no le voy a hacer la
guerrilla a la guerrilla, dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”.
Por
el contrario con el Decreto 2772/75 se llevó a cabo un aniquilamiento de
exterminio. De terroristas, de posibles terroristas, y de millares de inocentes.
En ese decreto, había una falencia elemental: no se explicaba el alcance de la
palabra “aniquilar” ni se decía quiénes eran taxativamente “elementos
subversivos”. ¿Lo fueron acaso los diplomáticos Elena Holmberg, Marcelo
Dupont o Héctor Hidalgo Solá? ¿o el Capitán de Ultramar Horacio F. Gandara?.
La enumeración de nombres de desaparecidos que no tenían ningún atisbo de
vinculación con subversivos o con asociaciones ilícitas de ese carácter, es
muy extensa.
Este
decreto produjo un efecto inverso. Los criminales subversivos fueron
publicitados como mártires y las víctimas de la subversión fueron reputados
victimarios por toda la prensa mundial. El senador Luder, al firmar este
decreto, demostró una imprecisión que fue a la postre un soporte jurídico
para el holocausto argentino. Ese holocausto fue el que hizo posible este
endeudamiento externo.
1977
8.279.500.000 dólares
1978
12.496.100.000 dólares
1980
27.162.000.000 dólares
1982
43.634.000.000 dólares
1983
44.438.000.000 dólares
Genocidio y Deuda Externa fueron pues, directamente proporcionales.
Dr. Julio C. Gonzalez
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Durante
los cuatro primeros años de la guerra de la Triple Alianza contra la Ex
Provincia Argentina de Paraguay, en los presupuestos nacionales leemos estas
cifras:
Sumas
gastadas por la guerra con el Paraguay.
Año
1866
$5.891.414,10
Año
1867
$7.771.030,43
Año
1869
$3.647.952,50
Sumas
gastadas para reprimir sediciones en las Provincias Argentinas.
Año
1866
$ 43.319,39
Año
1867
$1.540.916,26
Año
1869
$4.248.200,36
Estas
cifras están insertas en el prólogo de J. N. González, en la obra “Cartas
polémicas sobre la guerra del Paraguay”, edición Guaraní, Asunción, Buenos
Aires. 1940 y se hallaban reproducidas por E. J. Gimenez Vega en un trabajo
sobre este tema (65). Este autor, comentando esos guarismos observa que en 1869
“se invierten mayor cantidad de recursos” para exprimir la voluntad de las
Provincias de “vivir en paz con el Paraguay” que en la misma guerra exterior
(66).
La
cuestionada guerra fue precedida por un empréstito de 2.500.000 libras
esterlinas aprobado por ley del 27 de mayo de 1865 y cuya concertación en
Londres fue encomendada a Norberto de la Riestra un ex empleado de la casa de
comercio de esa ciudad. Luis Vitale en la obra que hemos citado documenta lo
siguiente: “El empréstito se contrajo a un tipo, termino medio del 69,5%...
Sarmiento protestó porque habían firmado un compromiso que, además de
desventajoso, prohibía por un tiempo prudencial negociar un nuevo empréstito
con la banca europea” (67).
A
fines del siglo pasado, la fijación de las fronteras con Chile, a raíz del
tratado de Límites de 1881 generó un problema de límites que, ha garantizado
hasta el presente la enemistad permanente entre las dos naciones. Los aprestos bélicos
por esa causa han sido constantes hasta nuestros días. Luis Vitale recuerda,
que en 1892 al acreciar el peligro de una guerra, el Ministro de Estados Unidos
en Buenos Aires, ofreció al Gobierno Argentino fondos equivalentes a 100
millones de pesos. Esta oferta fue inmediatamente puesta en conocimiento del
gobierno británico. La respuesta de Londres no se hizo esperar: la amenaza de
guerra se esfumó y un enfrentamiento aduanero entre Buenos Aires y Washington,
con el pretexto de un arancel referido a los cueros de procedencia argentina,
dio un corte fulminante a la proyectada alianza económica
argentino-norteamericana, que tanto preocupó en Londres (68). Inglaterra habla
por sus actos y los reafirma con su silencio. Sus colonias y neocolonias se
expresan en cambio a través de la verborragia ridícula e inocua de sus
gerentes.
Al
terminar el siglo XIX el conflicto limítrofe Argentino-Chileno comienza para
mantenerse inalterable. Ambos países encargan la construcción de buques de
guerra a Europa. En 1899 el gobierno chileno prepara planes de guerra para
ocupar la ciudad de colonia y desde esa base bloquear el Río de la Plata (69).
La amenaza de guerra es inminente. Y la oportunidad para un nuevo empréstito no
se hace esperar. Carlos Pellegrini entonces senador nacional y Ernesto Tornquist
poderoso financista porteño se dirigen a Europa en 1901 y llevan la autorización
del gobierno de unificar la deuda externa pública externa... que comprende unos
treinta préstamos diferentes... para unificarlos en uno solo con una tasa de
interés uniforme. El proyecto de unificación fue presentado al Congreso en
junio de 1901 con las siguientes bases: “emitir 345 millones de pesos oro en títulos
de deuda externa, que devengarían el 4% de interés anual pagadero
trimestralmente y que serían amortizados dentro de los 50 años a partir del
1ro. de enero de 1905” “Estos títulos se aplicarían exclusivamente a
convenir o amortizar toda la deuda externa e interna en oro”. El 8% de los
ingresos diarios de la Aduana se aplicaría al pago de la renta y amortización
de estos títulos” (70). Esos ingresos eran pagados en oro metálico.
José
A. Ferry, el genial profesor de Finanzas Argentinas, calificó todo esto de
“un negociado escandaloso que los argentinos no podían tolerar” (71). Al
conocerse el proyecto, una multitud enardecida atacó la casa particular del
presidente Roca ubicada en la calle San Martín 577 Buenos Aires y corría el
rumor de que el Presidente y su familia “se habían refugiado en el hotel
Royal” comenta el diplomático norteamericano William Paine Lord, testigo de
estos acontecimientos quien destaca que “el populacho atacó al Dr.
Pellegrini” (72). La batahola fue tan grande que el gobierno debió declarar
el estado de sitio para enfrentar la justa ira del pueblo contra el proyectado
empréstito. Esto no debe extrañarnos. Al nacer el siglo XX la población de
nuestro desdichado país todavía estaba compuesta por una apreciable proporción
de criollos.
La
situación internacional evitó la guerra con Chile y también el empréstito
proyectado para llevarla a cabo. En la misma época los bolvo, descendientes de
los holandeses, habían independizado África del Sur constituyendo la República
de Trascaal. El gobierno de Trascaal fue vencido y su territorio quedó
incorporado al Imperio Británico. Por lo tanto Gran Bretaña no podía permitir
la formación de otro frente en el Atlántico Sur.
Para
las conveniencias británicas el diferendo argentino-chileno debió suspenderse
para otra ocasión. Para ello se empleó el siguiente procedimiento:
1)
En marzo de 1902 el banquero porteño Ernesto Tornquist se dirigió a las casas
bancarias Baring y Potchschild solicitándoles la intervención del gobierno
británico para que Chile y Argentina cancelaran las órdenes de compras de los
acorazados que habían mandado construir en Alemania e Italia. El equipamiento
naval de ambos países se interrumpió (73).
2)
En abril de 1902 “La Nación” publicó un editorial firmado por Emilio Mitre con un
“tajante pronunciamiento en contra de la intervención argentina en las
cuestiones del Pacífico” “Coincidiendo así con un estadista chileno”
dice Ricardo A. Paz (74).
3)
El 28 de mayo de 1902 se firmaron tres importantes documentos
argentino-chilenos. Son los que se conocen con los nombres de “Pactos de
Mayo” y que se integraban con un Acta Preliminar, el Tratado General de
Arbitraje y la Convención sobre Limitación de Armamentos Navales. El arbitro
designado fue J. M. Británica. Al respecto Ricardo Alberto Paz: “Presente en
toda la negociación por cuenta propia y de sus banqueros, y requerida
angustiosamente por Chile, a cada alarma de guerra, Su majestad Británica aceptó
con entusiasmo el cargo que le brindaba legalizadas influencias en los asuntos
de sus clientes y deudores y la consagraba por su alta vara en la política
sudamericana, como la nueva Madre Patria de las jóvenes naciones” (76).
Durante el gobierno constitucional de 1973-1976, requerí en ejercicio de la Secretaría Técnica de la Presidencia de la Nación al Ministro de Relaciones Exteriores Angel Federico Robledo, mediante oficio de fecha 9 de septiembre de 1975 que remitiese al Congreso “para su tratamiento inmediato” el Tratado de Arbitraje firmado en 1971 por el Presidente Argentino General Alejandro Agustín Lanusse y el presidente de Chile Doctor Salvador Allende, con relación al litigio siempre pendiente, de las Islas Lennox, Picton y Nueva en el Canal de Beagle (77). Este tratado, reiterando el Tratado de Arbitraje de 1902, adjudicó a la Corona Británica la jurisdicción dirimente del conflicto. Si el Congreso de aquel entonces no hubiese rectificado el Tratado Lanusse-Allende, el conflicto con Chile que nos llevó al extremo de una guerra, que evitó la Santa Sede, no hubiese existido. Pero el ministro mencionado no envió el Tratado para su consideración por el Congreso. Tampoco lo hicieron sus sucesores Manuel Arauz Castex y Raúl Quijano.
En
el Senado Nacional a propuesta del Senador Dr. Alberto Fonrouge, se fijó fecha
de sesión para que el cuerpo considerase el Tratado Allende-Lanusse por sí
mismo el día 24 de marzo de 1976.
Pero
la rebelión producida en la madrugada de esa fecha derribó a los poderes
constituidos y disolvió el Congreso. Entonces el peligro bélico con Chile
reapareció por la causa del fallo adverso de J. M. Británica que, como dejamos
dicho pudo haberse evitado, retirando a la Argentina del arbitraje pactado en
1971 y denunciando el Tratado Allende-Lanusse.
Pero
al procederse de otra manera, reapareció el problema de la guerra. Y con el
peligro de la guerra la excusa para los empréstitos.
En
el transcurso del “Proceso” la guerra con Chile tuvo virtualmente la hora de
su comienzo. La Santa Sede evitó las hostilidades gestionando el Acuerdo de
Montevideo del 8 de enero de 1979. La mediación papal evitó de esta manera la
guerra y
otro empréstito.
No
todos los Jefes Militares aprobaron la política exterior del “Proceso”. El
General (R) Jorge Leal que ostenta la gloria indiscutible de haber colocado
nuestra bandera en el Polo Sur, expresó con prudente sabiduría que una guerra
entre Argentina y Chile “sería un error histórico del siglo XX”. A su vez
el Teniente General (R) Juan Carlos Onganía sostuvo que el problema del Beagle
“es un problema que tiene más de cien años, así que no veo la razón para
que no podamos prolongarlo por otros cien años, para evitar una guerra que, en este
momento haría mucho daño a ambos países” (78).
También
durante el gobierno del “Proceso” se llegó a una guerra efectiva con Gran
Bretaña por la reivindicación de las Islas Malvinas que comenzó el 2 de abril
de 1982. Finalizadas las hostilidades, el banco de Inglaterra aportó 3.500
millones de dólares para que el Fondo Monetario Internacional formase una masa
de 10.000 millones de dólares que se prestaron a la República Argentina para
nuestro país, derrotado en la Guerra de Malvinas, pero todavía en situación
jurídica.
Las
precisas palabras de Scalabrini no son una rémora literaria. Tienen hoy dramática
actualidad. En este sentido vamos a remitirnos a dos textos y a dos opiniones de
incuestionable autoridad.
1)
Harry
Ferns: refiriéndose a la Argentina industrial tecnológica y científica
levantada por Perón con su columna vertebral en la estructura de Fabricaciones
Militares dice: “como no sea mediante una guerra civil devastadora, resulta
muy difícil imaginar como puede deshacerse la revolución efectuada por Perón”
(82).
2)
Arturo
Frondizi, ex Presidente de la República, refiriéndose a este peligro potencial
y latente ha dicho: “El Proyecto que preparan los norteamericanos
militarmente, podrá matar a 500 mil latinoamericanos”... “Cuando hablé
sobre este tema con el Papa, él opinó que no sólo va a fracasar el ejército
norteamericano sino también los ejércitos nacionales de cada país” (83).
Dr. Julio C. Gonzalez
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