Imprima este documento

MEDICAMENTOS

UN PROBLEMA DE SALUD, DE INDEPENDENCIA Y DEFENSA NACIONAL

 Por el Dr. Horacio Micucci

Cuadro de texto:  
Dr. Horacio Micucci, químico, bioquímico y farmacéutico. Ex docente e investigador de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata. Investigador en temas nacionales e internacionales y de política energética, tecnológica y sanitaria. Ex miembro del Movimiento de Defensa del Petróleo Argentino
El colapso de la atención sanitaria del pueblo tiene uno de sus tres responsables en un puñado de laboratorios medicinales, vinculados en forma abierta o encubierta a distintas potencias imperiales, que bloquean el desarrollo, la investigación y la producción nacionales, atentando contra la vida del pueblo, perjudicando el empresariado nacional del sector y la integración con Latinoamérica y los países del mundo que buscan resolver sus sistemas de salud. Dr. Horacio Micucci

 “Deseo informar al pueblo sobre la iniciativa de la Secretaría de Salud Pública de la Nación, de lanzar al mercado farmacéutico las Especialidades Medicinales del Estado, con la sigla EMESTA, creada por Decreto 25.394/46 y que lleva la firma de nuestro Presidente el General Perón (...) Los productos EMESTA son un 50% a 75% más baratos que los similares, y los del Instituto Malbrán, en calidad, son iguales o mejores que los mejores importados por lo cual los médicos y el público en general pueden confiar ampliamente en su eficacia y seriedad.” Dr. Ramón Carrillo (1)

 “El actual mercado de medicamentos, que según proyecciones, moverá 406.000 millones de dólares norteamericanos en el año 2002, no refleja las necesidades sanitarias de la población y maneja un sistema de precios prohibitivos e irracionales que convierten en inaccesibles los medicamentos esenciales en países pobres y subdesarrollados.” Dr. Miguel Pérez Gómez. Presidente de Médicos Sin Fronteras en España. (2)

 Mientras en la mayoría de los países en desarrollo el gasto en medicamentos se duplica cada cuatro años, el producto bruto interno se duplica cada 16 años.

La tercera parte de la población mundial no tiene acceso regular a medicamentos esenciales. En 1999, el consumo de medicamentos de 10 países ricos (que en conjunto representan 17,5% del total de la población mundial) fue casi el 60% del consumo total mundial ese año. Los países en desarrollo, donde viven tres cuartas partes de la población mundial, representan menos del 25% del gasto mundial anual en medicamentos. Laporte JR, Stolley PD. The Public Health, The University, and Pharmacoepidemiology

 Simultáneamente con la noticia de la salida de la convertibilidad, apareció la del desabastecimiento de medicamentos y aumentos de los mismos en relación con te devaluación producida. Esto ha contribuido, junto a otras causas, a impedir una atención sanitaria adecuada para una inmensa mayoría de la población.

Sin embargo, dicha atención sanita­ria de curación y prevención de la enfermedad y promoción de la salud, desde el punto de vista de la medicina social, debiera ser un derecho inalienable de todo habitante de nuestra Patria.

Se debe destacar que hay tres grandes obstáculos que obstruyen el acceso a esa atención al Pueblo Argentino: a) el sector de capital financiero que, al igual que en otros países como EE.UU., intenta controlar el “negocio’ de la salud, disminuyendo las prestaciones y los salarios para aumentar su ganancia b) el sector de importación de tecnología médica que promueve el uso de tecnologías novedosas pero, en muchos casos, de dudosa utilidad, que encarecen el acto de salud sin beneficios para la población. c) Un pequeño grupo ultra agresivo de laboratorios medicinales extranjeros y de empresariado de intermediación nativo pero no nacional, que ha impuesto un dominio monopólico del mercado nacional, perjudicando también al empresariado argentino, para adueñarse totalmente del sector. De este grupo nos ocuparemos en este artículo. Son parte de la situación las presiones del gobierno de Estados Unidos y otras potencias imperialistas para el cumplimiento estricto de una ley de patentes de carácter colonial.

Conviene recordar que la ley de patentes fue exigida por el gobierno de los Estados Unidos -cuya embajada hizo lobby de manera desembozada en el trámite legislativo- y aceptada por el gobierno de Menem, que no vaciló en sostener los intereses de los laboratorios extranjeros dando un golpe mortal a la industria nacional específica. El principio básico de dicha ley es ampliamente cuestionado a nivel mundial en tanto defiende la propiedad del desarrollo científico-tecnológico de las grandes potencias, pero le niega a los países del Tercer Mundo la propiedad de las formas naturales que dieron origen a los mismos, y que son saqueadas de nuestras naciones. Vale la pena recordar que fue prácticamente público el soborno de los laboratorios extranjeros al Congreso, para imponer dicha ley. Son dos razones suficientes para declarar su total nulidad.

Los tres sectores mencionados (con disputas entre ellos, en medio de la crisis, por el tamaño de los beneficios de que se apropian) son los causantes y beneficiarios de la situación terminal que enfrenta el siste­ma de salud argentino. La crisis hace que éste no satisfaga las necesidades de la inmensa mayoría de los pacientes y tampoco (por las bajas remuneraciones que obligan a largas horas de trabajo y por la falta de perspectivas futuras o, literalmente, por el peligro de subocupación o desocupación) a quienes trabajan en él.

El gasto en medicamentos

La Argentina se ubica entre los países con mayor gasto en medicamentos per cápita con relación a su producto bruto. Mientras que en los países del primer mundo es del diez o quince por ciento del gasto total en salud, los países del tercer mundo (como Argentina) duplican o triplican ese porcentaje. El gasto mencionado (lo han demostrado numerosos estudios científicos) no trae aparejado un mejor estado sanitario de la población sino una enorme ganancia del reducido sector monopólico de la industria farmacéutica. Actualmente oscila alrededor del 30% aunque en épocas de la hiperinflación llegó, por momentos, a un 60% del gasto total en salud, por ejemplo, en la Obra Social IOMA (Pcia. de Bs.As.). (3)

El precio promedio del medicamen­to en Argentina ha variado desde U$S 2,71 en 1988, U$A 4,58 en 1991 hasta U$A 9,81 en 1998.

Un dato que refleja el encarecimiento de los medicamentos simultáneamente a la disminución de su accesibilidad es que, en la década del 90, la cantidad de unidades de medicamentos vendidas en Argentina disminuyó un 11% (según otros autores un 19%) mientras que la facturación creció hasta un 80%. (4)

Mientras que la Organización Mundial de la Salud postula que con algo más de 300 monodrogas y una decena de compuestos (de un listado que es periódicamente actualizados) se pueden tratar el 95 % de los proble­mas de salud, en el año 1998 había en Argentina 7.862 medicamentos en 15.732 formas farmacéuticas distintas.(5)

El 43 % de los medicamentos que se venden en la Argentina son importados. En 1992, la importación de productos farmacéuticos terminados (es decir con envasado incluido) no superaba el 12 %. (Datos del INDEC). El resto se manufacturaba en el país, pero la droga base era generalmente importada.

Esta es otra consecuencia de la apertura del mercado interno con una ley de patentes que afecta nues­tra Independencia Nacional. (6)

Es necesario destacar la depen­dencia de la industria farmacéutica de nuestro país del suministro de drogas base del exterior, lo que hace imprescindible el desarrollo de una industria química, petroquímica y farmacoquími­ca nacional estatal que garantice la verdadera independencia del sector.

Esta dependencia afecta también nuestra capacidad de defensa nacional ante cualquier hipótesis de conflicto. Es un problema de salud, un problema económico, un problema de defensa nacional y de Independencia Nacional.

Es interesante destacar que antes de la vigencia de la convertibilidad, con controles de precios, los medicamentos subían por distintos mecanismos, pero es notable que durante la vigencia del plan de convertibilidad y su supuesta estabilidad, los medicamentos aumentaron hasta un 180 %. En el periodo considerado hubo un incre­mento de la facturación de los laboratorios simultáneo a una disminución del número de unidades vendidas. En efecto, mientras que en 1993 se vendieron 462 millones de unidades, en 1999 se vendieron 374 millones. Sin embargo, mientras que en 1993 el volumen de ventas era de algo más de 3.000 millones de dólares, en 1999 superaba, con menos unidades, los 5.000 millones de dólares.

Además, la industria farmacéutica en nuestro país importa más de lo que exporta: en 1999 exportó algo más de 300 millones de dólares mientras que importó insumos y medicamentos terminados por valor de más de 600 millones de la misma moneda, con el resultado de un déficit de 300 millones al año. (7)

En los tres primeros meses de 2002, para una muestra de 26 medicamentos líderes, se registró un aumento del 55% (y en algunos casos llegó a 130%). La argumentación de que esto se debe al incremento de insumos importados encarecidos por la devaluación es cues­tionable. En efecto se sostiene que la incidencia de los principios activos en la formación de precios de los medicamentos varía entre el 5 y el 8% situándose en un promedio cerca del 6% de los cos­tos totales. Debe destacarse que los profesionales ligados naturalmente al medicamento, los farmacéuticos, lejos de beneficiarse con esta realidad, están sumidos en la peor crisis de su historia, enfrentando la posible quiebra de casi el 50% de las farmacias existentes en el país. Y los medicamentos son bienes cada vez más suntuarios para la mayo­ría de la población.(8)

La Argentina pasó a tener el privilegio de ser uno de los tres países con medicamentos más caros del mundo: en muchos casos el doble que en EE.UU. y el triple que en Brasil. (ver Tabla Nº 1)

TABLA 1: Mercado farmacéutico latinoamericano. Precio promedio.

País o Región

Precio promedio (en U$A)

Año

1993

1998

1999

Argentina

6.60

9.81

10.06

Brasil

2.95

5.84

Sin datos

Uruguay

3.82

5.77

5.69

MERCOSUR

3.92

6.71

9.25

Chile

2.49

3.37

3.34

Latinoamérica

3.51

5.21

5.50

Fuente: “Salud para todos”, Nº 99, Diciembre de 2000

La devaluación sin duda modificó esta situación. Pero debe advertirse que silos medicamentos ya no son, en dólares, los más caros del mundo, conservan su inaccesibilidad económica.

Según la encuesta de Gasto de los Hogares realizada por el INDEC en 1997 se observa que la población del quintil de mayores ingresos dedica el 3% de su ingreso total o el 30% de su gasto en salud a medicamentos. Mientras que la población del quintil de menor ingresos dedica el 8% de su ingreso total o el 80% de su gasto en salud a medicamentos. En 1997 se destinaron unos $6.000 millones de dólares anuales a la financiación de medicamentos, según surge de último estudio sobre el gasto en medicamentos desarrollado por el Programa de Investigación Aplicada de salud (Fundación a la que pertenece el Ministro de Salud de la Nación). Para entender la magnitud de la cifra, conviene recordar que la renta petrolera argentina alcanzó en el año 2001 gua­rismos similares.

Aproximadamente el 70% del gasto en medicamentos en Argentina es financiado por los hogares. El 30% restante corresponde a adquisiciones institucio­nales ya sea de hospitales y clínicas o de contratos de provisión que las obras sociales y prepagas establecen con las farmacias y colegios farmacéuticos (PIA-lsalud, 2001). (9)

De lo anterior surge que, dado que los sectores de menores ingresos son los que más han sufrido el impacto inflacionario, son esos mismos sectores los que más han sufrido el aumento de precios de los medicamentos. De hecho, el consumo de medicamentos, en unidades, en Febrero del 2002 proyectado en el año, significaría una reducción cercana al 50% respecto del año 1995. (9)

Cabe decir que un 10% de las empresas farmacéuticas reconocidas en nuestro país (sobre un total de aproximadamente 250) concentran alrededor del 60% del mercado. (ver Tabla Nº 2)  

TABLA Nº 2: Ranking de los primeros 21 Laboratorios según sus ventas. Año 2000
LABORATORIOS Millones de U$S

1. Grupo Roemers

2. Roche

3. Grupo Novartis

4. Laboratorios Bagó

5. Grupo Glaxo-Smith Kline

6. Grupo Sidus

7. Abbott

8. Boehriger Ingelhein (Roche)

9. Pharmacia (Pfizer)

10. Aventis Pharma Argentina

11. Bristol Myers Squibb

12. Gador

13. Cyanamid

14. Grupo Schering Plough

15. Merk Sharp & Dome

16. Quimica Montpelier

17. Glaxo Wellcome Farmacéutica

18. Parke Davis

19. Schering Argentina

20. Laboratorios Amstrong

21. Laboratorios Beta

357,9

243,0

221,8

201,0

180,0

178,8

150,5

130,0

130,0

118,0

116,0

109,0

100,6

92,5

86,0

82,0

80,0

79,5

76,7

75,0

75,0

Fuente: Revista "Mercado". Ranking de las 1000 empresas que mas venden. Año 2000

Se dice que los laboratorios nacionales controlan el 53% del mercado. Es preciso notar que, en el grupo nacional, existe un sector (muy minoritario en número pero grande en el porcentaje del mercado del cual se apropia) del cual es posible sospechar una relación con potencias imperialistas, constituyendo un sector de empresariado de intermediación, bien distinto del empresariado nacional.

Entre tanto los laboratorios estadou­nidenses se quedan con el 21 % de la torta, los alemanes con el 11%, los sui­zos con 9% y el resto de los europeos con el 6%. Los EE.UU. pugnan por avanzar en el control del mercado a expensas de la industria nacional y de sus competidores extranjeros.

Como ya se ha dicho, los profesionales ligados naturalmente al medicamento, los farmacéuticos, están cada vez peor. Y los medicamentos son bienes cada vez más suntuarios para la mayoría de la población.

 El medicamento como un problema de defensa nacional

 Los medicamentos, cuyo costo y desabastecimiento lesiona en nuestros días a la salud popular son, también, un tema clave de la defensa nacional. Como afirmamos en el número anterior de Cuadernos, es bueno recordar que la supremacía de EE.UU. en el área del antibiótico después de la Segunda Guerra se debió a que eran secreto mili­tar durante la misma. Es decir fueron primero un tema de defensa antes que un tema sanitario. (10)

La existencia de una fabricación estatal nacional es imprescindible por razones de Independencia y Defensa Nacional, junto a la defensa de la industria nacional y la participación de las farmacias en la producción de medicamentos magistrales y oficinales.

¿Es posible pensar en no pagar la deuda externa fraudulenta sin imaginar presiones en un área tan sensible como el medicamento?

¿Es posible proyectar el desarrollo de nuestra capacidad de defensa sin incluir planes de abastecimiento de medicamentos, sueros y vacunas, para la defensa de la Patria agredida?

Seria ingenuo no prever que las potencias que disputan por el dominio de nuestra Patria, utilizarán nuestra debilidad en la producción del medicamentos e insumos médicos como arma para doblegar nuestra voluntad de Independencia.

En nuestro país es preciso retomar la experiencia de fabricación de medica­mentos realizada en el primer gobierno del General Perón y su Ministro Ramón Carrillo, a partir de estructuras universi­tarias nacionales, sanitarias estatales y militares. (Ver Cuadro Nº 1).

CUADRO Nº 1

 ESTRUCTURAR ESTATALES QUE PUEDEN PRODUCIR MEDICAMENTOS

  ANLIS -Instituto Malbrán.

  ANLIS — Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas Maiztegui-Pergamino.

  Laboratorio de las Fuerzas Armadas-m Estado Mayor Conjunto.

  Laboratorio de Trenque Lauquen.

  Laboratorio de Especialidades Medicinales LEM de Rosario — Pcia. de Santa Fe.

  Universidad Nacional de La Plata- Facultad de Ciencias Exactas — Unidad de Producción de Medicamentos.

  LaForMed (Laboratorio Formosa de Medicamentos)- Del Sindicato de Luz y Fuerza y la Pcia. de Formosa. INFACOR, de la Pcia. de Corrientes que funcionó entre 1993 y 1999.

  Prozome de la Pcia. de Río Negro. Ciudad de Viedma.

  Farmacia Oficial y el laboratorio de drogas genéricas de la Facultad de Bioquímica y Farmacia de la Universidad Nacional del Tucumán.

  En la Pcia. de Córdoba se destacan las experiencias de los laboratorios municipales de Río Cuarto y la ciudad capital.

  Instituto de Hemoderívados, dependiente de la Universidad Nacional de Córdoba.

  Pcia. de Mendoza dispone de la Ley Provincial 5.897 de 1992 que declara bien social al medicamento y autoriza a la fabricación de los incluidos en el Formulario Terapéutico y de Insumos. La ley concede a las autoridades provinciales la posibilidad de licitar con laboratorios privados las monodrogas incluidas en el Formulario.

  Hospital Nacional Profesor Alejandro Posadas

  Hospitales: lnterzonal General de Agudos Presidente Perón e lnterzonal General de Agudos Eva Perón Provincia de Buenos Aires.

  Talleres Protegidos de la Ciudad De Buenos Aires.

Planta de Producción de Medicamentos del Gobierno de la Pcia. de Bs. As. - Sede Central en el Instituto Biológico del Laboratorio de Salud Pública y dos plantas anexas en Berazategui y Bahía Blanca.

FUENTES: Propias y de la Cátedra Libre de Salud y Derechos Humanos de la Facultad de Medicina de la UBA

Cuatro condiciones: fabricación estatal, defensa de la industria nacional, control de calidad estricto y precios máximos

Es necesario impulsar la política del medicamento genérico, avanzando en el dictado de una ley de genéricos y facilitando su fabricación por organismos estatales nacionales, provinciales y municipales. (Ver Cuadro Nº 2).

CUADRO Nº 2

 Medicamentos Genéricos. Algunas Definiciones

 Recientemente, a partir de las últimas medidas al respecto, se ha desatado una intensa polémica. Parece necesario establecer algunas definiciones para aclarar el debate.

 Medicamento original o innovador: es aquél que contiene un principio activo nuevo y con el que se ha realizado una investigación y desarrollos completos, siendo patentados y registrados por la empresa que realizó su desarrollo y la produce.

Licencias: es el mismo producto que el innovador pero fabricado por otros laboratorios farmacéuticas con autorización expre­sa del dueño de la patente del anterior.

 “Copias” o productos “esen­cialmente similares a otros ya auto­rizados”: son los que tienen el mismo principio activo, pero no fueron autori­zados por el innovador. Estas “copias” pueden tener nombre de fantasía o el nombre de la droga seguido del nombre del titular o fabricante: esta última situación ha llevado a confundirlos con los genéricos. Sin embargo no son genéricos.

 Es importante destacar que, hoy en nuestro país, los medicamentos existentes son en su mayoría COPIAS, y en un porcentaje pequeño, innovadores y licencias de los mismos. Las COPIAS se distinguen con un nombre comercial o marca, o por el nombre genérico seguido del nombre del fabricante. En ningún caso estos son MEDICAMENTOS GENERICOS ni FALSOS GENERICOS, son simplemente, MEDICAMENTOS.

 Debe aclararse que todos los medicamentos (originales, licencias y copias) deben estar debidamente registrados y controlados por la autori­dad competente nacional y provincial. Otra cuestión es si ese control es efectivo y suficiente. Las empresas más grandes, sobre todos las extranjeras, sostienen que la trayectoria de su marca es garantía de calidad. Ocultan que, en realidad, en los últimos 15 años se impulsaron, a la luz de concepciones liberales, políticas por las cuales el manejo de la calidad del medicamento quedaba en manos de quienes producían y no del Estado. La empresa productora debe tener su propio control de calidad de todos sus lotes, pero el Estado (y la población y los trabajadores de la salud a través de mecanismos de participación en la farmacovigilancia) deben controlar lo que se produce, distribuye y expende en todos los puntos de la cadena. La marca no es garantía de calidad.

 Los medicamentos que se expen­den legalmente en Argentina (originales, licencias y copias) son lo que se denomina Equivalentes farmacéuticos, que son aquellos productos que contienen cantidades idénticas del mismo principio activo en la misma forma farmacéutica (jarabe, comprimido, cápsula, etc.) y los mismos estándares de calidad. En estos casos, dado que el médico, por recientes disposiciones, receta por el principio activo y no por la marca comercial, el farmacéutico puede intercambiarlos. Las grandes empresas pueden argüir que la calidad no es la misma. Pero entonces deberemos dudar del control estatal y con derecho, de la calidad de todas las marcas. Los países del primer mundo controlan sus medicamen­tos por parte de estructuras oficiales y, a menudo hay medicamentos cuestionados por sus efectos o por fallas en sus lotes.

 En la Argentina no existen medicamentos genéricos. En realidad lo que se ha resuelto es que el médico recete por nombre genérico para que el paciente, con consejo del farmacéutico, elija entre distintas marcas, el equivalente farmacéutico más barato o de su preferencia. Medicamentos Genéricos son aquellos que, al vencer la patente del fabricante original, pueden ser fabricados por otras empresas públicas y privadas. Son las especialidades con la misma forma farmacéutica e igual composición en cantidad y calidad en sustancias medicinales, que otra especialidad de referencia, cuya eficacia y seguridad estén suficiente­mente establecidas por su continuado uso clínico. Son expendidos sin nombre comercial de fantasía. Para esto debe haber una ley como existe en EE.UU.

 Las empresas arguyen en su con­tra, que “no tienen pruebas de biodisponibilídad que las hace bioequivalentes. Definamos: Biodisponibilidad es la capacidad de un medicamento de llegar al lugar de acción. Puede tener dificultades para hacerlo por razones ligadas al paciente (incapacidad de absorción del individuo) o del medicamento por sus características propias. A veces en la producción de comprimidos, una excesiva presión los hace más difíciles de disolver (y tener menor biodisponibilldad) y esto puede ocurrir con un lote de un medicamento aprobado. Ergo la marca no es una garantía. En estos días la empresa Merk afronta un juicio en EE.UU. y Canadá por los efectos de uno de sus medicamentos. Si dos medicamentos que son equivalentes farmacéuticos tienen, también la misma biodisponibilidad, se dice que tienen además bioequívalen­cia. Las empresas argumentan que los estudios de bioequivalencla son demasiado caros para hacerlos en el país, pero se oculta que estos estudios son necesarios sólo en unos cuarenta casos, según la OMS. Luego el margen de seguridad es suficiente para usar genéricos en la mayoría de las circunstancias.

FUENTE:   Publicaciones del Colegio de Farmacéuticos de la Pcia. de Bs.As. y Cátedra Libre de Salud y Derechos Humanos de la Facultad de Medicina de la UBA.

En Alemania e Inglaterra el uso de genéricos alcanza a cifras del 50 % del mercado.

También en EE.UU. alcanza cifras importantes.

La implementación del uso de genéricos significa, en líneas generales, una reducción y nivelación de los precios. En nuestro país el mismo medicamento tiene diferencias de hasta un 500%, en sus costos en las farmacias, entre la marca más cara y la más barata.

Esto plantea la urgencia de imponer un fuerte impuesto a las ganancias del grupo de laboratorios extranjeros que monopolizan el mercado nacional. Desde el punto de vista nacional, debe considerarse ‘ganancia’, además de la que declaran, los sobreprecios a los que esos laboratorios importan las drogas base o los fármacos desde sus casas matrices. Tales sobreprecios se pueden establecer a partir de “precios testigo” de la producción nacional, o de otros países (India, Brasil, etc.). También, se deberían establecer fuertes aranceles aduaneros para aquellos genéricos o fármacos que se fabrican en el país, como una medida inmediata de protección que aliente un rápido desarrollo de la fabricación nacional.

Con lo recaudado por estos impuestos, puede constituirse un fondo de emergencia sanitaria, uno de cuyos destinos seria el apoyo a la inmediata puesta en producción de los laboratorios estatales, y el apoyo, con créditos de bajos intereses y rebajas impositivas, a la pequeña y mediana industria nacional del ramo.

La política del genérico es necesaria pero no suficiente. El Estado debe fabricarlos, así como ejercer la defensa de la industria nacional específica.

A modo de ejemplo: la amoxicilina, monodroga con la que se hace el Amoxidal cuesta 7 dólares por kilo en la India, donde la fabrican a granel. Con ese kilo se pueden fabricar unas 2.000 cápsulas Amoxicilina 500 a un valor de 0,35 centavos de dólar cada una, por costo de la droga base. Dado que el pre­cio de la droga base, como se ha dicho, significa como mínimo, un 5 % del total de costos, cada cápsula costaría como máximo 7 centavos de dólar. Pero, en farmacias, en noviembre de 2001, en momentos de la paridad dólar 1 a 1, la marca más barata de ese entonces costaba alrededor de 62 centavos de dólar cada una. (11)

En Brasil, la producción estatal de medicamentos contra el SIDA provocó una baja del 79% en los medicamentos de marca, para la misma enfermedad. (12)

Se hace imprescindible integrar un complejo de fabricación estatal de medi­camentos, insumos y aparatología médi­ca, y defender a los laboratorios nacio­nales. El complejo estatal deberá cum­plir, en este aspecto, un papel análogo al que cumplió YPF en la concepción de Mosconi: a) convertirse en empresa tes­tigo para fijar los verdaderos precios; b) asegurar la provisión de medicamentos, para evitar toda maniobra de desabaste­cimiento; c) promover la investigación y el desarrollo nacional de nuevos fárma­cos; d) promover la defensa de los labo­ratorios nacionales y la complementación con ellos.

En suma, controlar esta palanca clave para beneficio de la Patria y sus habitantes.

Deben establecerse, entonces, a partir de los costos de la industria testigo estatal, precios máximos a los medicamentos, para evitar también las superganancias que ha habido en el sector, a costa de la salud popular.

En el camino de nacionalizar al grupo monopólico extranjero mencionado (particularmente al agresivo sector estadounidense) para constituir un com­plejo estatal del medicamento (en condiciones de proteger e integrar a los labo­ratorios nacionales), es posible comenzar ya a fabricarlos, a partir de las estructuras mencionadas en el cuadro Nº 1 y otras nuevas que se desarrollen, con el objeto de asegurar el normal abastecimiento de la población. Esto puede y debe ser realizado con la parti­cipación de las Universidades, los Institutos vinculados a las fuerzas Armadas, y los distintos estamentos nacionales, provinciales y municipales, etc.; promoviendo asimismo la protec­ción y la integración con la industria nacional. Es un tema sanitario y de defensa nacional. La Nación debe poner al servicio de esta causa toda su estruc­tura científico-técnica, civil y militar.

Es preciso revitalizar experiencias como las realizadas por Hospitales como el lnterzonal de Agudos Presidente Perón de Avellaneda, que hace unas décadas fabricaba unos 30 medicamentos, a un quinto del costo del mercado con los cuales cubría el 80% de las patologías que se atendían en él. O la de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata que cuenta con una Unidad de Producción y Desarrollo de Medicamentos que puede fabricarlos a costos muy inferiores a los del mercado.

En la tabla Nº 3 pueden verse los cos­tos de referencia para mil comprimidos de cinco productos, (si la fabricación fuese autorizada por la autoridad compe­tente)de la Unidad de Producción de Medicamentos de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de la Plata según una presentación de fecha 3 de abril de 2002, originada en la Secretaria de Extensión Universitaria, de dicha institución (ver Tabla Nº 3)    

TABLA Nº 3: Costos de referencia (C/R) UPM-Facultad de Ciencias Exactas - UNLP
Medicamento C/R para mil comprimidos
Paracetamol $ 25,-
Propanolol $ 7,60
Ibuprofeno $ 72,-
Metoclopramida $ 9,60
Hidroclorotiazida $ 1,55

  Las ventajas son notorias. Sólo se harán dos comparaciones:

Según los costos de referencia de la Tabla Nº 3, el paracetamol tiene un costo por unidad de 2,5 centavos de peso y el precio más barato en farmacias, al momento de escribir este articulo, era de 10 centavos. En cuanto al lbuprofeno, el costo en la UPM de la Facultad mencio­nada es de 7,2 centavos de peso por unidad y, en las farmacias, el precio más barato encontrado es de 40 centavos por comprimido.

La universidad debe participar con investigadores, docentes, técnicos y alumnos en la producción y en el control de calidad de lo fabricado, y esto favore­cerá una enseñanza vinculada a las necesidades del país y la producción.

Otro aspecto sustancial, en este tema, es que no puede haber política nacional al respecto, sin fortalecer todas las estructuras de control de los medicamentos e insumos médi­cos, empezando por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) y los orga­nismos provinciales de fiscalización. Se deben buscar formas de participación en un Plan Nacional de Farmacovigilancia de profesionales, técnicos, trabajadores de la salud y de la población general.

El Colegio de Farmacéuticos de la Provincia de Buenos Aires, a modo de ejemplo de la participación de organis­mos que agrupan a los profesionales, cuenta con una estructura de personal y laboratorios con capacidad para contri­buir a realizar el control de calidad de lo fabricado.

Todo lo anterior debería ser la base de una empresa estatal de medicamen­tos que proteja e integre la industria nacional específica asegurando la pro­ducción argentina; empresa que sirva de testigo para fijar los verdaderos precios. La ampliación de la capacidad técnica y económica de los Institutos del ANLIS (Malbrán, INEVH de Pergamino para la fabricación de la vacuna para la Fiebre Hemorrágica y otras), deberá ser parte del Proyecto. Se debe, también, impul­sar la fabricación de medicamentos magistrales y oficinales en las farma­cias, donde los farmacéuticos des­arrollarán así la habilidad para la que fueron entrenados: ser fabricantes en pequeña y gran escala de medica­mentos.

La obtención de las drogas bases necesarias que no se produzcan aquí debe hacerse en países del tercer mundo por convenios de mutuo benefi­cio, aunque debe destacarse que son inaceptables casos como el del aumen­to de precios en la aspirina de Bayer ya que su droga base (Ácido Acetil Salicílico) es producida, como tarea práctica, en la enseñanza de los alum­nos de farmacia y bioquímica del todo el país y es de facilísima fabricación nacio­nal. Desde ya todo lo anterior debe ir acompañado de un desconocimiento total y absoluto de toda patente extran­jera.

Si la política es el arte y la ciencia de hacer posible lo necesario, esto debe hacerse posible para asegurar, no ya los bienes del Pueblo Argentino sino su propia vida. Y, si se parte de la base que la Nación reside, como decía el Dr. Carrillo, en el hombre argentino, su defensa es defender a la Nación.

El pueblo puede y debe tomar en sus manos la solución de esta cuestión, que permitirá la confluencia de la población, que carece de atención médica, con estudiantes, docentes, técnicos, científi­cos y profesionales, estructuras sindica­les y de las Fuerzas Armadas relaciona­das con el tema y empresarios naciona­les de la industria farmacéutica perjudi­cados también en su desarrollo por el pequeño grupo ultraagresivo de labora­torios medicinales extranjeros o de inter­mediarios de monopolios extranjeros mencionado.

Un sistema de Salud para una Argentina independiente

La atención sanitaria de curación y prevención de la enfermedad y promo­ción de la salud, desde el punto de vista de la medicina social, debiera ser un derecho inalienable de todo habitante de nuestra Patria.

Lo anterior sólo será posible con un Sistema Nacional de Salud de base estatal, público, gratuito, igualitario y eficiente financiado por presupuesto, basado en la estrategia de atención pri­maria de salud con estructuras de distin­to nivel de complejidad hospitalaria y una red de Centros Periféricos de Salud. La Organización Mundial de la Salud propugna que un elemento crucial de un sistema de tal tipo es la dirección, con­trol y supervisión ejercido por la pobla­ción usufructuaria. Las nuevas formas de democracia asamblearia surgidas a partir del 19 y 20 de diciembre pueden ser formas organizativas para ejercer dicha tarea.

Los profesionales independientes y los pequeños y medianos prestadores, que también son parte de los sectores patrióticos y populares, podrían integrarse al mismo, con formas de asociación voluntaria, desde ya supeditándose a la política sanitaria fijada democráticamen­te por un nuevo Estado Nacional de una Argentina Independiente y Democrática. Esto redundaría también en trabajo para ellos, sobre todo en el caso del profesional independiente que es, muchas veces simultáneamente, asalariado del estado, prestador del sistema de Obras Sociales y prestador privado. En efecto, hasta tanto se construyan las estructuras necesarias de atención, seria posible la integración de médicos, bioquímicos, odontólogos, farmacéuticos, etc., con formas particulares de relación de dependencia (reconocidas como ante­cedente de la carrera médico — hospita­laria) para que se incorporen al servicio público, atendiendo pacientes de una zona determinada en sus consultorios e instituciones. Médicos y odontólogos que atiendan a los habitantes de una zona próxima o farmacéuticos que dis­pensen los medicamentos de fabrica­ción estatal o bioquímicos que realicen análisis de una cápita asignada, por un ingreso o salario digno. Todo esto en beneficio de una población con hambre de alimentos y, también, de atención sanitaria.

El Sector de Obras Sociales, que sur­gió como una respuesta a la carencia de una medicina pública, se integrará al sistema si sus legítimos dueños, los traba­jadores, lo deciden adoptando, silo creen conveniente, formas de incorporación voluntaria al Sistema Nacional descrito.

 

Referencias bibliográficas.

1.  Ramón Carrillo. Política Sanitaria Argentina. Tomo 1. Págs. 205-206. Ministerio de Salud Pública de la Nación. 1949.

2.  BFB - Boletín Farmacéutico Bonaerense Nº 351. Pág. 11. Colegio de Farmacéuticos de la

Provincia de Buenos Aires. 2002.

3.  Horacio Micucci. Reflexiones sobre nuestro sistema nacional de salud. En “Salud; Crisis del

sistema. Propuestas desde la medicina social. Págs. 69-140. Editorial Ágora. 1992.

4.  BFB - Boletín Farmacéutico Bonaerense Nº 352. Pág. 17. Colegio de Farmacéuticos de la

Provincia de Buenos Aires. 2002.

5.  Norberto Cerasale. Programa de Medicamentos Genéricos. Salud para todos. Nº 99. Págs. 10-12. Diciembre de 2001.

6.  Alberto Ferrari. El precio de la dependencia. Sin plata no hay remedios. BFB – Boletín Farmacéutico Bonaerense Nº 350. Págs. 24-30. Colegio de Farmacéuticos de la Provincia de

Buenos Aires. 2002.

7.  lb. Pág. 27.

8.  Federico Tobar. Acceso a los medicamentos en Argentina. Diagnóstico y alternativas. Pág. 13. Fundación ISALUD.2002.

9.  lb. Pág.11.

10.    Horacio Micucci. Defensa Nacional popular e integral. Cuadernos para el encuentro en una

nueva huella argentina Nº 9. Págs. 42-49. Junio ­Julio de 2002.

11.    INTERNET: www.cicop.org.ar

12.    La crisis de la Salud. Patentes y monopolio aumentan los precios. BFB – Boletín Farmacéutico Bonaerense Nº 349. Págs. 26-29. Colegio de Farmacéuticos de la Provincia de

Buenos Aires. 2002.